Como Reacciona Un Maltratador Cuando Le Dejas

¿Qué hay en la mente de un maltratador?

¿Qué hay en la mente de un maltratador? Según los organismos internacionales, la violencia de género puede clasificarse en cinco tipos : violencia física, violencia sexual, violencia psicológica de control, violencia psicológica emocional y la violencia económica.

Desde hace años se ha intentado dar explicación al origen de las conductas abusivas y a los procesos psicológicos que conforman la mente de un maltratador. Lo que algunos justifican con la etiqueta de enfermedad mental, otros profesionales lo desmienten y señalan directamente a los problemas de educación que presenta nuestra sociedad.

La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer del Ministerio de Sanidad informa que los tres motivos principales por los que las mujeres no denuncian en España son:

Por no otorgarle suficiente importancia a la violencia sufrida. Por miedo a represalias. Por vergüenza.

Ahora bien, ¿qué hay realmente en la mente de un maltratador? Por norma, un maltratador es controlador, se cree con derecho a todo, distorsiona la realidad a su antojo, no respeta a su pareja y podemos decir que, de alguna forma, se considera superior.

¿Cómo es el carácter de un hombre maltratador?

Sin autocontrol ni empatía – El perfil psicológico de un maltratador se caracteriza por la falta de control emocional de los agresores. Son analfabetos en términos afectivos. Tienen gran dificultad para expresar lo que sienten, no saben reflexionar sobre su yo interior y carecen de cualquier tipo de, Esto les priva de cualquier tipo de remordimiento sobre el daño que han causado a su víctima.

¿Cuándo se enamora del maltratador?

Tanto es así que a veces el síndrome de Estocolmo puede aparecer en la pareja o incluso, llegar a formarse un vínculo amoroso entre el maltratador y la víctima. A través de uno de estos síndromes psicológicos, las víctimas pueden llegar a desarrollar sentimientos e ideas muy similares a las del abusador o captor.

¿Qué siente el hombre que maltratador?

«Intolerante, autoritario, maniqueo, chantajista, refractario a las críticas, criticón, cruel, insensible, falso, carente de control emocional y empatía, mentiroso, victimista» El psicólogo Juan Armando Corbin enumera decenas de rasgos de un maltratador tipo, todos ellos previsiblemente peyorativos menos uno, el que más llama la atención: encantador,

  1. El especialista explica: «Lo es al principio de la relación, porque sabe cómo comportarse, y su verdadero yo tarda en aparecer».
  2. María (prefiere dar un nombre ficticio) lo confirma con su propia experiencia.
  3. O, mejor dicho, con sus propias dos experiencias.
  4. La primera fue hace siete años.
  5. Se casó con su novio de la universidad, «ese chico con el que siempre sueñas y con el que piensas que nunca acabarás», describe.

«Pues bien, yo acabé cumpliendo ese sueño, tuvimos una hija, y el sueño se convirtió en una pesadilla », prosigue. El inicio de su maternidad estuvo empañado por desplantes, insultos, celos injustificados, «y algún que otro tortazo». Tener una hija la retuvo algunos años en esa jaula metafórica pero insoportablemente rígida, «enajenada por la esperanza de una vida normal, de una familia normal».

Nunca llegó, y un buen día tuvo fuerzas para divorciarse. «Me costó un mundo, por el miedo a ver menos a mi hija, pero en seguida sentí una liberación brutal. Como quien de pronto se quitara unos zapatos de roca después de muchos años, o se curase de una jaqueca crónica». En la publicación ‘Women’s Health Watch’ de la Universidad de Harvard reconocen que es un error reprochar a la mujer el «haberse unido al hombre equivocado» No le duró mucho esa sensación.

A los dos años empezó a salir con un hombre de su edad, sin hijos, culto, simpático, melómano como ella, con un gran sentido del humor, sensible. Pero al poco tiempo llegaron los celos. Algo que no ha resuelto hasta hoy. María reconoce que sigue «enganchada» a él.

« No me ha agredido nunca físicamente, pero sí con palabras o con silencios, que es mucho peor, Me ignora unos cuantos días cada vez que salgo con mis amigos de toda la vida. Me castiga psicológicamente cada dos por tres y paga conmigo muchas de sus frustraciones, desde un hijo de una pareja anterior con el que no se habla a tener un trabajo que odia porque no era su vocación.

Yo intento que lo comparta conmigo, ayudarle, pero es imposible. Prefiere que hablemos de todo lo que yo hago mal», relata. Pero reconoce: «Tengo una edad en que me da mucho más miedo quedarme sola para siempre que seguir junto a él. Y se lleva bien con mi hija».

Las dos historias de María recorren, casi sin dejar un cabo suelto, el perfil de un maltratador, Con todo, cada mente de uno de estos individuos tiene una complejidad específica, única. «Aunque el 20% de los maltratadores tengan asociado un trastorno psiquiátrico codificable como psicosis, paranoia, psicopatía o trastornos de personalidad, en la mayoría de los casos encontramos aspectos psicopatológicos individuales », explica la psicoanalista Victoria Garay, del Grupo Doctor Oliveros,

Y enumera algunos que coinciden con el caso de María: «Los celos suelen ser irracionales y, como provocan mucha rabia e irritabilidad, llevan a la violencia por su tendencia al descontrol de impulsos. También existe la necesidad de control sobre la mujer, de dominio, que la va aislando de su familia y amigos, y de cualquier relación o actividad que los excluya.

  1. Y la baja autoestima, con críticas a todo lo que no es de su gusto».
  2. «Una cosa es conocer cómo funciona la mente de un maltratador y otra ser capaz de prevenirlo», reconoce María El libro Aggression and violent behavior, escrito por cinco psicólogos, trata de detectar el funcionamiento de la mente de un maltratador.

Sus autores aconsejan cautela: «Investigaciones anteriores han intentado establecer un perfil neuropsicológico para los agresores a partir de factores como la lesión cerebral, los antecedentes de abuso de drogas o alcohol y otros desvíos relacionados con el nivel educativo o el nivel socioeconómico, y han llevado a resultados inconsistentes.

  • Por eso, avanzar en nuestra comprensión de la mente y el funcionamiento cerebral de los agresores masculinos puede ayudar a predecir y reducir la violencia contra las mujeres en el futuro».
  • En la publicación Women’s Health Watch de la Universidad de Harvard apuestan por el empirismo para detectar comportamientos incardinables en el maltrato.

Con todo, reconocen que no es fácil, motivo por el que es un error descargar en ella parte de la responsabilidad por «haberse unido al hombre equivocado»: «Las mujeres no eligen conscientemente tener una pareja abusiva. De hecho, el maltratador puede ser encantador y querido por la mayoría de las personas que lo conocen, pero en casa muestra un lado diferente.

Amigos, familiares y colegas del trabajo a menudo se sorprenden cuando se conoce su comportamiento abusivo, E igualmente, esto es un shock para la mujer maltratada». Aun así, dan algunas pistas: «Los cambios en la relación pueden ser difíciles de ver al principio, La necesidad de control del maltratador a menudo comienza a manifestarse en pequeñas cosas que dice y hace,

Puede criticar la forma en que actúa o se viste su pareja. Puede decir cosas profundamente hirientes, como acusarla de ser una mala madre. Con el tiempo, las palabras del maltratador pueden hacer más mella y afectar a la idea de sí misma que tiene una mujer.

Ella comienza a dudar de sus percepciones e incluso puede llegar a creer las cosas horribles que él dice sobre ella. Se siente aislada, avergonzada e impotente, pero al mismo tiempo puede sentir la obligación de mantenerse convencida del cuento de hadas porque no hay nada más a lo que aferrarse». María se reconoce en estas descripciones.

Incluso las que se refieren a su papel en la relación. «Una cosa es conocer cómo funciona la mente de un maltratador y otra ser capaz de prevenirlo», añade. Y zanja: « Pero ser capaz de salir de eso es la parte más difícil ».

¿Cómo es el perfil de un maltratador psicológico?

¿Cómo son las personas maltratadoras? –

Intolerantes

El maltratador psicológico no admite las diferencias de gustos, comportamientos, decisiones, actitudes u opiniones. Es una persona intolerante y bastante rígida en sus pensamientos. Por lo que tratará a las demás personas de forma agresiva, sin educación y con resentimiento, ya que estas no respetan su voluntad o no se identifican con el maltratador.

Encantadores

Al principio suelen ser bastante amables, detallistas y encantadoras con las personas en general excepto con su víctima. Saben perfectamente la forma en la que tienen que actuar de forma que su verdadera personalidad tardará en aparecer. Así consiguen ganar en confianza y en conseguir que la víctima se muestra tal y como es y así poder dominar la situación al conocer sus debilidades.

  • Si la relación con las otras personas va aumentando, de igual forma irá apareciendo cada vez más seguido su verdadero comportamiento de destrucción.
  • Es por ello que es difícil para las personas que nos encontramos cerca de un maltratador psicológico reconocerlo, porque ante nosotros serán muy amables, carismáticos y no podremos ver cuál es su verdadera intención.

Por ello, y principalmente la víctima como centro de sus ataques, es un gran choque e impacto al descubrir sus intenciones y su personalidad agresiva y devastadora.

Autoritarios

Los maltratadores psicológicos, son personas autoritarias, muy controladoras e intransigentes, Ellos piensan que su forma de ver las cosas y de pensar son las más adecuadas y que el resto de personas no tienen razón, y por ese simple hecho de no tener razón, el resto de personas tenemos que someternos a su voluntad.

¿Y como lo consiguen para que caigamos en sus redes? Pues utilizando todo tipo de amenazas que saben que nos afectan, buscan nuestro punto débil, que saben que para ti es muy importante, como tus hijos, quedarse con la casa, con los animales, amedrentarte con que si te marchas se suicidaTambién es muy común que utilicen la ironía, para causar más inestabilidad emocional.

Y por supuesto la meta es conseguir que la víctima le obedezca y culpabilizarla de todo lo que le pase. Ya que no sólo quiere controlar a la víctima sino a todo su entorno, aunque al final quien paga sus pensamientos inestables y devastadores es la víctima sintiéndose completamente asfixiada emocionalmente.

Psicológicamente muy rígidas

Nos encontramos ante sujetos muy rígidos. No cambian de forma de pensar y están totalmente convencidos de que su verdad es la única posible. Es por ello que no los verás que hablen mucho con otras personas, ya que ellos siempre buscarán el conflicto al entrar en conversaciones donde hay distintas opiniones.

Tienen un pensamiento dicotómico

¿Qué es esto del pensamiento dicotómico? Pues son esas personas que para ellos s olo hay dos opciones o la opción A o la opción B, es decir, o algo está bien y es blanco, o está mal y es negro. Con ellos no podemos entrar a debatir en matices ni en medias tintas.

Son chantajistas

Los maltratadores psicológicos son personas bastantes chantajistas. Les gusta usar el chantaje para poder actuar según sus propios intereses y luego culpan y amenazan al prójimo. Haciendo sentir a la otra persona como el culpable de algo que no ha hecho.

No saben hacer autocrítica

En estas personas, otro aspecto que los definen es que no saben aceptar las críticas. Debido a su rigidez, como ya hemos comentado anteriormente, perciben cualquier opinión como un ataque hacia ellos mismos, Lo ven como un ataque a su forma de intrepretar la realidad, y ni mucho menos tomarán una crítica de forma constructiva.

Son especialistas en criticar a los demás

Son unos especialistas en criticar, eso sí las críticas nunca van dirigidas hacia ellos mismos, sino que sus flechas siempre apuntan a los demás. Se dedican en estudiar a las otras personas, buscar sus puntos débiles, y es entonces cuando utilizan estas debilidades para conseguir su objetivo, que sus victímas no se sientan bien.

Cambian de humor rápidamente

Su humor siempre está en un continuo cambio, pueden pasar de estar eufóricos de alegría a desatar un fuerte estado de ira, Es decir, van a tener dos sentimientos totalmente contratapuestos en muy corto espacio de tiempo, por lo que pasaremos de ver a una persona serena y alegre, a una en cólera y totalmente amenazante.

Se sienten ofendidas fácilmente

Los maltratadores psicológicos son personas que al conocerlos de un primer momento nos dan la sensación de que son personas seguras de sí mismas y muy fuertes, pero es totalmente lo contrario, simplemente utilizan esta apariencia para tapar su baja autoestima.

¿Por qué una persona se vuelve maltratador?

Hombres violentos contra la pareja: ¿tienen un trastorno mental y requieren tratamiento psicológico? Male batterers: are they mentally ill and are they needed of psychological treatment? Enrique Echeburúa Universidad del País Vasco (UPV/EHU), España Pedro Javier Amor Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), España Correspondencia a : Resumen Hay muchas razones por las que los hombres maltratadores contra la pareja deben recibir tratamiento psicológico.

En este artículo se analizan los transtornos más relevantes, tales como el abuso de alcohol/drogas, los celos patológicos y los transtornos de personalidad (antisocial, límite, narcisista y paranoide), así como los déficits psicológicos de estas personas, tales como el descontrol de la ira, las dificultades emocionales, las distorsiones cognitivas, la baja autoestima y los déficits de comunicación y de solución de problemas.

Se describen las tipologías de hombres maltratadores más relevantes y se señala su importancia para la planificación del tratamiento individualizado. La inclusión de medidas penales y de tratamiento psicológico es posible. Se analiza la motivación para el tratamiento y se señalan las principales vías de intervención terapéutica, así como los resultados obtenidos.

Por último, se comentan las líneas de investigación más urgentes para el futuro. Palabras clave: violencia contra la pareja, maltratadores, transtornos mentales, tratamiento psicológico. Abstract There are many reasons why men who batter should be psychologically treated. In this paper the most relevant mental disorders, such as substance use disorder, pathological jealousy, and antisocial, borderline, narcissistic and paranoid personality disorders, and psychological deficits of batterer men, such as anger, emotional difficulties, cognitive distortions, low self-esteem and deficits in social skills and problem solving, are analyzed.

Male domestic violence offender typologies according to the most relevant classifications are commented. The role of these typologies for treatment is pointed out. An analysis of how to combine court intervention and psychological treatment to rehabilitate abusive men is also carried out.

  1. Motivational enhancement strategies and effective therapy for men who batter are discussed.
  2. Finally, the future perspectives and the most relevant goals of research are commented on.
  3. Ey words: intimate partner violence, batterer men, mental disorders, psychological treatment.
  4. Introducción Las relaciones de pareja, libremente establecidas en la actualidad, están basadas en el intercambio de conductas gratificantes, lo que conlleva la posibilidad de su disolución si el balance de la relación es insatisfactorio.

Por ello, la violencia contra la pareja puede considerarse algo anómalo. Cuando un hombre se implica en una relación violenta con una mujer con la que comparte o ha compartido voluntariamente sentimientos de intimidad y un proyecto de vida y con la que frecuentemente tiene hijos en común, cabe pensar que padece algún tipo de transtorno mental o de alteración psicológica (Brasfield, 2014).

No es fácil responder a la pregunta de por qué los hombres se comportan de forma violenta precisamente en la relación de pareja, que suele constituir un reducto de intimidad y de ternura. La conducta violenta en este contexto suele ser resultado de un estado emocional intenso -la ira-, que interactúa con unas actitudes previas de hostilidad, un repertorio de conductas pobres (déficits de habilidades de comunicación y de solución de problemas o dependencia emocional) y unos factores precipitantes, entre otros, las situaciones de estrés, el abuso de alcohol/drogas o los celos (Kelley, Edwards, Dardis, y Gidycz, 2015).

Hay ciertas circunstancias específicas de la relación de pareja que posibilitan esta secuencia crónica de conductas violentas. Un hombre tiende a descargar su ira específicamente en aquella persona que percibe como más vulnerable (una mujer) y en un entorno (la casa) en que es más fácil ocultar lo ocurrido.

  1. Además, los logros obtenidos con las conductas violentas previas desempeñan un papel muy importante.
  2. Muy frecuentemente el hombre maltratador ha conseguido los objetivos deseados con los comportamientos agresivos anteriores.
  3. Es decir, la violencia puede ser un método sumamente efectivo y rápido para salirse con la suya.

A su vez, la sumisión de la mujer puede quedar también consolidada porque, con un comportamiento sumiso, consigue evitar las consecuencias negativas derivadas de una conducta violenta por parte de la pareja. Además las víctimas pueden sentirse incapaces de escapar del control de los agresores al estar sujetas a ellos por el miedo, la dependencia emocional, el aislamiento social o distintos tipos de vínculos económicos, legales o sociales (Jouriles y McDonald, 2015).

Si bien los transtornos mentales en sentido estricto son relativamente poco frecuentes en los maltratadores (cerca del 20% del total), los síntomas psicopatológicos son muy habituales, así como las alteraciones psicológicas en el ámbito del control de la ira, de la empatía y expresión de emociones, de las cogniciones sobre la mujer y la relación de pareja y de las habilidades de comunicación y de solución de problemas (Echeburúa, Fernández-Montalvo, y Amor, 2003).

El principal objetivo de este artículo es analizar los transtornos mentales, las alteraciones de la personalidad y los déficits psicológicos que están más frecuentemente presentes en los hombres implicados en relaciones violentas contra la pareja, así como plantear los retos de futuro más importantes para su tratamiento.

  • Transtornos mentales se ha encontrado una cierta relación entre la violencia contra la pareja y los transtornos mentales.
  • Los más frecuentes son los transtornos psicóticos, en función de las ideas delirantes de celos o de persecución, y el abuso de alcohol y drogas, que pueden activar las conductas violentas en las personas impulsivas y descontroladas (Shorey, Fabres, Brasfield, y Stuart, 2012) Lo más característico en los agresores es que tengan una historia psiquiátrica anterior (alrededor del 45%) muy por encima de la tasa de prevalencia en la población general, que sería en torno al 15%-20% (Echeburúa et al., 2003).

Con frecuencia los motivos de consulta más frecuentes suelen ser el abuso de alcohol, los transtornos emocionales (ansiedad y depresión) y los celos patológicos. Ahora bien, más que cuadros clínicos bien delimitados lo que suelen tener son múltiples síntomas psicopatológicos.

  • Aún así, este hecho no permite establecer relaciones de causalidad o unidireccionalidad entre los síntomas o transtornos psicopatológicos presentes y la violencia contra la pareja.
  • Por último, los factores predictores más habituales de comportamientos violentos entre las personas con un transtorno mental son los siguientes: a) una historia previa de violencia o de victimización, con una personalidad pre-mórbida anómala; b) la falta de conciencia de enfermedad y el consiguiente rechazo o abandono del tratamiento; c) los transtornos del pensamiento (ideas delirantes de amenaza/control, de celos o de identificación errónea) o de la percepción (alucinaciones que implican fuerzas externas controladoras del comportamiento), con pérdida del sentido de la realidad; d) el abuso de alcohol o drogas; y e) el aislamiento familiar y social, resultado de la estigmatización o de la discriminación (Caetano, Vaeth, y Ramisetty-Milker, 2008; Shiina, 2015).
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Consumo abusivo de alcohol y de drogas La agresión bajo la influencia directa del alcohol es muy variable y puede oscilar entre el 40% y el 90% de los casos (Stuart, 2005). Aunque el alcohol no explica en su totalidad las conductas violentas en los maltratadores, es el peor aliado de la violencia por múltiples aspectos (Catalá-Miñana, Lila, y Oliver, 2013; Echeburúa, Amor, y Fernández-Montalvo, 2002; Fals-Stewart y Kennedy, 2005; Stuart, 2005; Thompson y Kingree, 2006): a) actúa como facilitador y desinhibidor del comportamiento violento, que generalmente deriva de actitudes hostiles previas; b) sigue la ley dosis-efecto, según la cual cuanto mayor es el consumo mayor es la gravedad de la violencia ejercida contra la pareja; c) incrementa el riesgo de reincidencia en comportamientos violentos; y d) está relacionado con un peor pronóstico terapéutico.

Por lo que se refiere al consumo de drogas, las tasas de incidencia en los hombres violentos son menores y oscilan entre el 13% y el 35% de las personas estudiadas, pero tienden a aumentar entre los agresores más jóvenes (Slep, Foran, Heyman, Snarr, y USAF Family Advocacy Research Program, 2015). Celos patológicos Los celos patológicos se caracterizan por una preocupación excesiva e irracional sobre la infidelidad de la pareja, que provoca una intensa alteración emocional y que lleva a la persona a realizar conductas comprobatorias para controlar a su pareja.

Lo que define la patología de los celos es la ausencia de una causa real desencadenante, la intensidad desproporcionada de los celos, el alto grado de interferencia con la vida cotidiana, el gran sufrimiento experimentado y, en último término, la pérdida de control, con reacciones irracionales (Rodríguez, DiBello, y Neighbors, 2015).

Habitualmente, los celos patológicos suelen ser de tipo pasional o delirante. Cuando existen celos pasionales la persona sufre porque teme con mucha intensidad perder a su pareja y siente envidia de que esta pueda ser disfrutada por otro. En cambio, los celos delirantes parten de la presencia de una idea falsa objetivamente pero de la que la persona tiene una certeza absoluta de ser engañado.

Este tipo de celos suele ser frecuente en los transtornos psicóticos (paranoia o esquizofrenia paranoide), así como en el alcoholismo. Por otra parte, el riesgo de violencia vinculado a los celos en un caso y otro es distinto. En los celos pasionales se ve afectada la autoestima de la persona y experimenta una elevada ansiedad que se puede cargar de agresividad y de obcecación hasta acabar en comportamientos violentos.

Asimismo, las conductas violentas graves se cometen bajo los efectos de una gran tensión emocional, que enturbia la conciencia, cuando existen conductas controladoras extremas y sentimientos de posesión. Así, la violencia se dispara cuando el sujeto experimenta un ataque de celos y se siente despechado, sobre todo si ha mostrado comportamientos agresivos previos, carece de una autoestima y de unas habilidades sociales adecuadas y cuenta con un repertorio de conductas y de intereses muy limitado.

De forma diferente, el riesgo de agresión a la mujer en el caso de los celos delirantes es muy alto cuando los celos se han consolidado y existe un claro deterioro de la relación de pareja. Estos tipos de celos, caracterizados por ser infundados o desproporcionados, no tienen nada que ver con los celos normales que se refieren a la relación de compromiso y de angustia emocional cuando uno piensa que la pareja pudiera implicarse en una relación sentimental con otra persona (Rodríguez et al., 2015).

Transtornos de personalidad Se han identificado diferentes transtornos de la personalidad relacionados con las conductas violentas contra la pareja (Amor, Echeburúa, y Loinaz, 2009; Esbec y Echeburúa, 2010; lila, Gracia, y Herrero, 2012). Generalmente los que están más relacionados con los comportamientos violentos más graves son aquellos pertenecientes al grupo B de los transtornos de la personalidad y que se caracterizan por la inmadurez, la emotividad y la inestabilidad.

En concreto, el transtorno antisocial de la personalidad (la psicopatía), caracterizado por la manipulación, por la falta de empatía en las relaciones interpersonales y por la ausencia de remordimiento ante el dolor causado, propicia la aparición de conductas violentas y crueles.

Cuando el maltratador es un psicópata, habitualmente plantea exigencias irracionales, muestra un desapego hacia los hijos, abusa del alcohol o de las drogas, no tiene amigos y es un manipulador que utiliza a los demás en su beneficio (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2007). El transtorno de personalidad narcisista -aunque comparte algunas características con el transtorno anterior, como son la manipulación e instrumentalización de los demás y la falta de empatía- se caracteriza fundamentalmente por tener sentimientos de grandeza y prepotencia junto con una gran necesidad de estimación permanente.

A su vez, el transtorno límite o borderline, en el que son frecuentes la impulsividad, el miedo al abandono, la inestabilidad emocional y un sentimiento crónico de vacío, facilita la aparición de conductas impredecibles en la relación de pareja (Anita, O’Leary, Graña, y Foran, 2014; Huss y Langhinrichsen-Rohling, 2006).

  1. Por último, el transtorno de personalidad paranoide (perteneciente al grupo A), en el que la desconfianza, los celos (en este caso) y los recelos están presentes de forma constante, también pueden dar lugar a comportamientos violentos contra la pareja.
  2. En resumen, hay cuatro dimensiones de personalidad implicadas generalmente en las conductas violentas: 1) la impulsividad; 2) la falta de regulación emocional; 3) el narcisismo y las amenazas al yo; y 4) el estilo de personalidad paranoide.

Las dos últimas están específicamente relacionadas con la violencia y los transtornos mentales (Echauri, Fernández-Montalvo, Martínez, y Azcárate, 2011). Alteraciones psicológicas Las alteraciones psicológicas pueden ser muy variables, pero, de una forma u otra, y a diferencia de los transtornos mentales, están presentes en todos los casos.

Entre ellas pueden darse la falta de control sobre la ira, las dificultades en la expresión de emociones, las distorsiones cognitivas, el déficit de habilidades de comunicación y de solución de problemas y la baja autoestima (Loinaz, Echeburúa, y Ullate, 2012). Falta de control sobre la ira Los hombres violentos contra la pareja presentan niveles moderadamente superiores de ira y hostilidad que aquellos que no lo son (Norlander y Eckhardt, 2005).

A su vez, gran parte de este tipo de agresores se caracterizan por la impulsividad, la pérdida de control sobre la ira y por actitudes de hostilidad hacia la pareja. Sin embargo, no todos ellos tienen problemas con el control de la ira. Murphy, Taft, y Eckhardt (2007) identificaron tres tipos de agresores, de los cuales el grupo de ira normal no tenía problemas para controlar esta emoción, se comportaba con una violencia menos grave y mostraba un mejor pronóstico terapéutico que los restantes grupos -ira patológica y bajo control de la ira-.

En definitiva, los que ejercen una violencia más grave presentan niveles más elevados de ira y de hostilidad (Norlander y Eckhardt, 2005), así como un peor pronóstico. En muchos casos la ira es la respuesta a una situación de malestar en la convivencia o una forma inadecuada de hacer frente a los problemas cotidianos (por ejemplo, a las dificultades en la educación de los hijos o a la falta de acuerdos sobre el ocio, el control de la economía o los espacios de intimidad personal) (Eckhardt, Samper, y Murphy, 2008).

Dificultades en la expresión y captación de emociones Muchos conflictos en las relaciones de pareja tienen que ver con las dificultades en la expresión y en la captación de emociones. En este sentido, muchos agresores tienen dificultades para expresar sus sentimientos o no han aprendido a expresarlos adecuadamente; también es posible que muchos de ellos no sepan captar o interpretar adecuadamente los sentimientos de su pareja.

A su vez, la inhibición de los sentimientos y una percepción distorsionada de la realidad (por ejemplo, percibir situaciones como amenazantes cuando no lo son) pueden llevar a conflictos que, al no saber resolverse de otra manera, se expresan de forma violenta. En definitiva, este analfabetismo emocional dificulta el establecimiento de relaciones de intimidad o de amistad profunda y facilita los comportamientos violentos cuando se dan otros factores (por ejemplo, hostilidad contra la pareja, distorsiones cognitivas, ira, estrés, etc.).

Distorsiones cognitivas sobre la mujer y la relación de pareja Los hombres maltratadores suelen estar afectados de partida por numerosos sesgos cognitivos, que implican creencias equivocadas sobre los roles de género y sobre la supuesta inferioridad de la mujer con respecto al hombre, así como ideas distorsionadas sobre la legitimación de la violencia como forma de resolver los conflictos.

  • A su vez, dentro del contexto de la violencia de pareja, muchos agresores emplean estrategias de afrontamiento para eludir la responsabilidad propia de las conductas violentas mediante su negación, minimización o justificación (Dutton, 2007).
  • Pueden alegar que se trata de un problema que afecta a ambos ( “en todas las parejas hay problemas” ) o que es por culpa de la mujer ( “fue ella la que me provocó; es ella la que tiene que cambiar” ), hacer atribuciones externas ( “los problemas del trabajo me hacen perder el control” ) o incluso personales ( “estoy pasando una mala racha” ) que de algún modo eluden la responsabilidad de los comportamientos violentos o restan importancia a las consecuencias negativas de esa conducta para la víctima (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2009).

Este tipo de distorsiones cognitivas tienen un claro paralelismo con los mecanismos de desconexión moral planteados por Bandura (2002), que, en el caso que nos ocupa, posibilitarían que el agresor no sufriera emocionalmente en exceso ante la violencia ejercida contra su pareja.

Algunos de estos mecanismos tienen que ver con la justificación moral del maltrato, la minimización, la negación o el falseamiento de las consecuencias de la violencia ejercida, el desplazamiento o la difusión de la responsabilidad y la deshumanización o atribución de culpa a la propia víctima. En definitiva, cuando una conducta genera malestar al pensar fríamente en ella o es rechazada socialmente, se utilizan estrategias de afrontamiento o distorsiones cognitivas para eludir la responsabilidad y atenuar el malestar interno que podría generar en el agresor.

Déficits en habilidades de comunicación y de solución de problemas Los maltratadores suelen presentar unas habilidades de comunicación muy pobres y una baja tolerancia a la frustración, así como estrategias inadecuadas para solucionar los problemas (Kelley et al., 2015).

  1. Estos déficits, unidos a los conflictos y los problemas cotidianos, pueden generar un estrés permanente y actuar como desencadenantes de los episodios violentos contra la pareja.
  2. Baja autoestima Muchos agresores que se caracterizan por tener baja autoestima tratan de dominar y controlar obsesivamente a su pareja o incluso pueden recurrir a la violencia como medio para conseguir una estima que no logran de otra forma.

Sin embargo, la reiteración de la violencia no hace sino empeorar la baja autoestima del agresor (Donahue, Mcoure, y Moon, 2014). En estos casos se podría hablar de una violencia por compensación en donde quien ejerce la violencia muestra una gran inseguridad e intenta superar sus frustraciones con quien tiene más a mano y no le va a responder (Echeburúa et al., 2003).

A su vez, los agresores que tienen baja autoestima tienden a percibir muchas situaciones como amenazantes y a minimizar la gravedad de su comportamiento violento (lila et al., 2012), algo que es de gran relevancia dentro del contexto de la intervención psicológica. Sin embargo, en otros casos los agresores se perciben o se muestran ante los demás con una elevada autoestima que, lejos de ser saludable, no es más que el reflejo de una distorsión de su autoimagen con tintes narcisistas que igualmente denota una profunda inseguridad.

Estas personas pueden vulnerar los derechos de los demás, mostrar poca empatía y comportarse violentamente ante situaciones percibidas como una afrenta a su dignidad (llevarles la contraria, quitarles autoridad ante otras personas, etc.). Tipos de maltratadores Los hombres violentos contra la pareja no responden a un perfil homogéneo (Amor et al., 2009; Dixon y Browne, 2003) y, desde esta perspectiva, parece oportuno diseñar y aplicar estrategias de intervención ajustadas a cada tipología.

A pesar de determinados matices diferenciales de unos estudios a otros, existen tres tipos ( Tabla 1 ) -sobrecontrolados, disfóricos/borderline y antisociales/violentos en general-, que se diferencian en cuanto a la mayor o menor presencia de determinados transtornos psicopatológicos (generalmente los de la personalidad), a la extensión, frecuencia y gravedad de la violencia ejercida, así como al riesgo que representan para la víctima (Amor et al., 2009; Cavanaugh y Gelles, 2005; Holtzworth-Munroe y Stuart, 1994).

Tabla 1. Paralelismos entre tipologías de hombres violentos contra la pareja (Amor et al., 2009; Cavanaugh y Gelles, 2005; Holtzworth-Munroe y Stuart; 1994; Holtzworth-Munroe et al., 2000; Monson y Langhinrichsen-Rohling, 1998) Nota. En el estudio empírico de Holtzworth-Munroe et al. (2000) se identificó una cuarta tipología denominada “Antisocial de bajo nivel” (33% de los casos). Es más, estos tres tipos de agresores también se han identificado cuando se analizan las tipologías de hombres que han asesinado a su pareja (Kivisto, 2015).

En estos casos, habitualmente los disparadores del homicidio pueden estar relacionados fundamentalmente con el abandono en la tipología antisocial, con el miedo al abandono y los celos en el grupo disfónco /borderline o, por contraposición, con el miedo a sentirse atrapados en la relación y el padecimiento de crisis catatímicas (actos repentinos y aislados que derivan de un estado de tensión con una fuerte carga emocional) en el caso de los agresores sobrecontrolados.

Según Kivisto (2015), existe una cuarta tipología de “enfermos mentales”, que se caracterizan por tener un transtorno psicótico o una depresión grave en el momento del homicidio que no guarda relación directa con el abandono o los celos. Por otra parte, los tipos de agresores contra la pareja se pueden establecer en función de dos dimensiones: la extensión de la violencia y el perfil psicopatológico presentado (Fernández-Montalvo y Echeburúa, 1997).

  1. Por lo que se refiere a la extensión de la violencia, la mayor parte de los sujetos (el 74%) son violentos exclusivamente contra la pareja.
  2. Se trata de personas que con su pareja ejercen un nivel de maltrato grave, pero que en el resto de las relaciones interpersonales adoptan conductas adecuadas.
  3. En estos casos las frustraciones cotidianas, así como el abuso de alcohol o los celos patológicos, contribuyen a desencadenar episodios de violencia contra la pareja.

Por el contrario, los violentos generalizados (el 26%), en los que son frecuentes las experiencias de maltrato en la infancia, son personas agresivas tanto con su pareja como con las demás personas y cuentan con muchas ideas distorsionadas sobre la utilización de la violencia como forma aceptable de arreglar los conflictos.

  1. En cuanto al perfil psicopatológico, hay agresores con déficits en las habilidades interpersonales (el 55%), es decir, que no han aprendido unas habilidades adecuadas para las relaciones interpersonales debido a carencias habidas en el proceso de socialización.
  2. El recurso a la violencia suple la ausencia de otro tipo de estrategias de solución de problemas.

Por otra parte, los maltratadores sin control de los impulsos (el 45%) son personas que tienen episodios bruscos e inesperados de descontrol con la ira. Si bien presentan unas habilidades sociales más adecuadas y son más conscientes de que la violencia no es una forma aceptable de resolver los conflictos, se muestran incapaces de controlar los episodios violentos, que surgen en forma de un transtorno explosivo intermitente.

¿Por qué hay que tratar psicológicamente a los hombres violentos contra la pareja? El tratamiento psicológico a los maltratadores es, junto con otras actuaciones judiciales y sociales, una medida útil, necesaria y posible. Un tratamiento psicológico puede ser de utilidad para que los agresores aprendan a afrontar sus limitaciones al no contar con las habilidades necesarias para resolver los problemas de pareja en la vida cotidiana.

También puede servir para que haya un mayor control del agresor y para prevenir futuros episodios de violencia con la pareja o expareja y otras personas del entorno familiar. Es más, incluso el fracaso de la intervención con el hombre puede ayudar a la mujer en su proceso de toma de decisiones (por ejemplo, que ella decida abandonar definitivamente la relación de pareja). Por otra parte, tratar psicológicamente a un maltratador es hoy posible, sobre todo si la persona asume la responsabilidad de sus conductas y cuenta con una mínima motivación para el cambio. La dificultad mayor radica en su falta de motivación para reconocer el problema y tomar la decisión de cambiar.

De hecho, muchos hombres acuden a tratamiento por mandato judicial, algo que se contrapone a una motivación auténtica para el cambio. Generalmente, la decisión genuina de acudir a un programa terapéutico se adopta solo cuando se dan varios requisitos previos en el individuo: reconocer que existe un problema; darse cuenta de que no lo puede resolver por sí solo; y, por último, valorar que el posible cambio va a mejorar su nivel de bienestar.

Una guía básica de tratamiento figura descrita en la Tabla 3, Tabla 3. Guía básica de tratamiento y prevención de la reincidencia (Adaptación de Echeburúa et al., 2009) Desde esta perspectiva, el hombre violento va a estar realmente motivado cuando llega a percatarse de que los inconvenientes de seguir maltratando a su pareja superan a las ventajas de hacerlo. El terapeuta debe ayudar al agresor a lograr esa atribución correcta de la situación actual y a descubrirle las soluciones a su alcance (Carbajosa, Boira, y Tomás-Aragonés, 2013).

Ahora bien, existe mucha variabilidad de unos casos a otros con respecto a la motivación para el cambio y no es frecuente que desde el inicio del tratamiento se cumplan con los requisitos anteriormente señalados. Por esta razón es fundamental desde el comienzo de la intervención psicológica, y a lo largo de todo el proceso terapéutico, abordar la motivación para el cambio y la percepción que se tiene sobre el problema de la violencia.

Según Murphy y Eckhardt (2005), hay diversas estrategias motivacionales que se pueden diferenciar según la fase del tratamiento. Así, en las primeras fases convendría utilizar, entre otros aspectos, un alto nivel de empatía y de escucha reflexiva, clarificar los roles con respecto a la pareja y la fuente de derivación, dejar que la persona siga su propio proceso de cambio (sin forzarle a cambiar), prestar atención a signos potenciales de la motivación para el cambio y facilitarle verbalizaciones que vayan en esa dirección.

En fases más avanzadas de la intervención se debería prestar atención a los signos de ambivalencia y ayudar a resolverlos mediante la reflexión precisa, generando afirmaciones automotivadoras, evitando conceptualizaciones y objetivos del tratamiento que estén centrados en los problemas de los demás, desarrollando un plan de cambio coherente con objetivos claros compartidos por la persona y centrándose en la recuperación a largo plazo y en el proceso de cambio (más que en la recuperación de la relación de pareja).

En definitiva, las técnicas motivacionales pueden disminuir la resistencia hacia la terapia y mejorar la implicación en el tratamiento, así como predecir buenos resultados terapéuticos. Si los agresores reciben este entrenamiento motivacional antes de comenzar propiamente con el tratamiento, se responsabilizan más de su comportamiento violento, culpan menos a los demás, tienen mejores expectativas respecto a la terapia y muestran una mayor adherencia al tratamiento (Echeburúa, Sarasua, Zubizarreta, y Corral, 2009).

Por último, se puede decir que aunque el nivel de rechazos y abandonos prematuros del tratamiento psicológico todavía es alto, muchos de los hombres que completan la intervención logran reducir las conductas de maltrato y suelen evitar la reincidencia, lo que contribuye a un mayor bienestar para el agresor y para la víctima (Austin y Dankwort, 1999; Babcock y Steiner, 1999).

Discusión Los hombres violentos contra la pareja no son habitualmente enfermos mentales, pero presentan déficits psicológicos importantes que son susceptibles de tratamiento. Una razón adicional para el tratamiento de los agresores es el carácter crónico de la violencia contra la pareja.

Se trata de una conducta sobreaprendida por parte del maltratador, que está consolidada en su repertorio de conductas por los beneficios logrados: obtención de la sumisión de la mujer, sensación de poder, etc. Si se produce una separación o divorcio y el hombre violento se vuelve a emparejar, se puede predecir que va a haber más adelante una repetición de las conductas de maltrato con la nueva pareja.

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Por ello, la prevención de futuras víctimas también hace aconsejable el tratamiento psicológico del agresor (Arias, Arce, y Vilariño, 2013). Ya hay programas de tratamiento disponibles para hombres violentos contra la pareja, bien en un régimen comunitario, bien en prisión o bajo control judicial.

  • Tratar a un maltratador no significa verlo como enfermo y considerarle no responsable de sus conductas violentas.
  • No se trata de estigmatizar a estas personas, sino de ayudarles a superar sus carencias psicológicas (Carbajosa et al., 2013; Echeburúa et al., 2009).
  • El tratamiento psicológico resulta un instrumento útil solo en aquellos casos en los que el agresor es consciente de su problema, asume su responsabilidad en los episodios de violencia y se muestra motivado para modificar su comportamiento agresivo.

Solo con un enfoque amplio, en donde se integren medidas judiciales, sociales y psicológicas o médicas, se puede hacer frente de forma eficaz a la violencia contra la pareja. Los tratamientos psicológicos de hombres violentos en el hogar ofrecen unos resultados aceptables cuando los sujetos concluyen el programa propuesto, si bien el nivel de rechazos y abandonos prematuros es todavía alto (Echeburúa, Fernández-Montalvo, y Amor, 2006; Lila, Oliver, Galiana, y Gracia, 2013).

La intervención clínica puede llevarse a cabo en un entorno comunitario, especialmente cuando la pareja sigue unida y cuando la violencia no es excesivamente grave, o en un medio judicial, cuando el agresor está con la suspensión de la pena o recluido en prisión, especialmente cuando está próximo a la excarcelación.

En este último caso, se trata de que el maltratador, al que se considera responsable de los delitos violentos cometidos contra su pareja, no reincida cuando recupere la vida en libertad (Novo, Fariña, Seijo, y Arce, 2012). Algunas de las líneas de investigación más prometedoras para el futuro son las siguientes: a) examinar la respuesta de diferentes subtipos de hombres violentos a distintos programas de tratamiento; b) analizar la efectividad de diversos tratamientos según la fuente de derivación (voluntarios versus obligados judicialmente) y el contexto cultural; y c) evaluar la necesidad de intervenciones más amplias mediante programas de tratamiento multicomponentes para aquellos agresores con diversos problemas psicopatológicos (por ejemplo, dependencia al alcohol y drogas o transtornos de personalidad) (Murphy et al., 2007).

En cualquier caso, la motivación para el tratamiento es el motor del cambio y la piedra angular del éxito en un programa terapéutico con maltratadores. No se trata tan solo de la motivación inicial para acudir a la consulta, sino de la motivación necesaria para mantenerse en el tratamiento y cumplir adecuadamente con las prescripciones terapéuticas (Echeburúa, Sarasua, Zubizarreta, Amor, y Corral, 2010).

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Rec (17 diciembre 2015) Acept (4 marzo 2016) * Correspondencia: Enrique Echeburúa, Cibersam. Facultad de Psicología. Universidad del País Vasco (UPV/EHU). [email protected], Pedro Javier Amor, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). [email protected]

¿Qué tipo de mujer busca un maltratador?

Las víctimas no suelen ajustarse a la descripción de débil y vulnerable – Solemos imaginar las víctimas de maltrato como personas particularmente dependientes y frágiles. Sin embargo, a menudo los maltratadores de género masculino sienten preferencia por mujeres con carácter, fuertes, seguras de sí mismas, y exitosas en general, en parte debido a que los maltratadores obtienen satisfacción de someter a alguien poderoso, y también porque les da buena imagen.

  • Las mujeres exitosas tienden a ser reflexivas y meticulosas,” comenta la psicóloga y coach de relaciones sentimentales Perpetua Neo en sus declaraciones Business Insider.
  • Esto se traduce en un mayor compromiso por hacer que la relación funcione, sin importar cuánto esfuerzo tengan que poner de su parte”.

En otras palabras, tienden a aplicar su determinación a la hora de cumplir objetivos en el ámbito sentimental. “Es un pensamiento generalizado, que cuanto más trabajo se ponga en algo, incluyendo tu relación, mejor será el resultado”, señalaba Neo. “A eso añádele un poco de empatía, y la situación puede volverse muy complicada para la víctima, quién no hará más que preguntarse el por qué de la actitud tóxica de su pareja, y cómo cambiarla.” Leer más: Así se evita que una discusión con un narcisista se vaya de las manos Según la experta, las mujeres inteligentes y exitosas son por lo general muy reflexivas, con lo que intentan también racionalizar y explicar el comportamiento ajeno, incluso cuando éste es altamente dañino.

¿Qué es un maltratador silencioso?

¿ESTÁS SUFRIENDO MALTRATO PSICOLÓGICO POR PARTE DE TU PAREJA? El maltrato psicológico es el maltrato silencioso, el que no se evidencia en las lesiones físicas, sino emocionales (y más persistentes), Esta condición que suele estar camuflada provoca en la víctima un elevado nivel de ansiedad que puede conducir, a su vez, a una brutal depresión.

¿Qué piensa un maltratador?

2. La rigidez – El maltratador piensa y actúa como si fuera dueño de la verdad, Las razones de los demás le tienen sin cuidado. Tiende a imponer sus ideas sin importar el contexto en el que se encuentre. A la hora de establecer acuerdos, no cede un milímetro porque cree que sus puntos de vista deben ser aceptados.

¿Qué es el síndrome de la mujer maltratada?

La violencia de género es un problema que preocupa mucho a nuestras autoridades y la lucha por su erradicación es una de sus principales prioridades. Como operadores jurídicos observamos como nos ofrecen multitud de cursos, jornadas y seminarios que se dedican a este tema, efectos de la orden de protección, competencia territorial, cumplimiento de las penas.

  1. Sin embargo, los efectos psicológicos que tiene el maltrato sobre la mujer nos son bastante desconocidos porque nos centramos -dada nuestra profesión- en las cuestiones legales y procesales.
  2. El conocimiento, siquiera somero, de este síndrome ayuda a comprender el comportamiento de la denunciante, que a veces, como Jueces, Fiscales y Abogados, nos puede parecer chocante e incluso absurdo o contradictorio.

La cuestión es de una mayor profundidad de la que puede ofrecer este breve artículo, por lo que me limitaré a tratar los temas principales e invito al lector a profundizar en su estudio.

EL CICLO DE VIOLENCIA

El ciclo de violencia, descubierto en 1979 por la Profesora Leonore Walker, es un ciclo de tres fases que atraviesan la mayoría de las mujeres maltratadas, y que una vez descubierto y difundido permite a la mujer identificarlo, romperlo y salir de él. Las fases del ciclo son las siguientes:

Tension-building. Aumento de tensión, e incremento de sensación de peligro,

En esta fase el agresor entra en una escalada gradual de tensión que se manifiesta en insultos, o comportamientos crueles o agresiones físicas leves. La mujer intenta aplacarlo y calmarlo o al menos no irritarlo más, y utiliza técnicas de reducción de ira que a menudo tienen éxito y le refuerza la sensación de que puede controlar el carácter del varón.

Acute battering incident Incidente violento agudo,

La tensión sigue aumentando, y a la mujer le resulta cada vez más difícil controlar los enfados. En ocasiones la mujer se quita del medio por miedo a desencadenar una discusión, situación que es advertida por el varón quien la va a buscar. Finalmente la tensión termina en agresión física que algunas mujeres llegan a provocar (sabedoras de que es inminente) para que tenga lugar dentro de casa y no en un lugar público.

Loving-contrition. Arrepentimiento amoroso o luna de miel,

En esta fase el agresor suele disculparse repetidamente, intenta ayudar a la mujer, muestra amabilidad y remordimiento, le hace regalos y promesas de que no volverá ocurrir. Es frecuente que el agresor realmente llegue a creerlo y también la mujer, de manera que se convierte en un refuerzo positivo para mantener la relación y no romperla.

Pero las fases se repiten inevitablemente. Antes de que estas tres fases se desarrollen suele haber un período de noviazgo en el que el varón tiene mucho interés en la vida de la mujer y es muy cariñoso con ella. En ocasiones este cariño se convierte en acoso y vigilancia una vez la pareja ha dado un paso más en el compromiso y la mujer no quiere romper la relación, o no tiene fuerzas para ello, y se dice a sí misma que una vez estén casados él no necesitará estar vigilándola todo el tiempo y la situación terminará.

Los estereotipos sociales sobre la mujer como cuidadoras y responsables del bienestar de toda la familia hacen que, cuando está dentro del ciclo, se autoimponga la tarea de suavizar todas las posibles causas de enfado del agresor para que el “verdadero hombre” con el que se casó, (el de la tercera fase) vuelva a aparecer.

EL SÍNDROME DE LA MUJER MALTRATADA

La psicóloga Leonore Walker define este síndrome como el patrón de signos y síntomas que sufre una mujer después de haber sido objeto de abusos físicos, sexuales y/o psicológicos en el ámbito de una relación íntima, cuando el compañero ejerce poder y control sobre ella y es capaz de coaccionarla para que haga lo que él decida, con desprecio a sus derechos y sus sentimientos.

  1. Recuerdos intrusivos del suceso o sucesos traumáticos
  2. Hiper excitación y altos niveles de ansiedad
  3. Comportamiento de evitación y entumecimiento emocional, normalmente expresado como depresión, disociación, minimización, represión y negación.
  4. Relaciones interpersonales irregulares e interrumpidas derivadas del poder del agresor y sus medidas de control
  5. Imagen corporal distorsionada y/o dolor físico o somático
  6. Problemas en las relaciones sexuales

Además de estos signos, existen otros tres umbrales que deben alcanzarse para poder considerar que concurre el desorden:

  1. La mujer experimenta un suceso traumático por el que teme sufrir daño físico o perder la vida
  2. Los efectos secundarios de ese suceso duran más de cuatro semanas. (si duran menos se diagnostica como reacción aguda a una situación de estrés)
  3. Los efectos secundarios tienen un impacto en partes importantes de la vida de la víctima, tales como el trabajo, el colegio o las relaciones con los demás.

El síndrome por estrés postraumático tiene consecuencias diferentes al de la mujer maltratada aunque podemos decir que tienen notas comunes. Un suceso traumático puntual y aislado (como los provocados por fenómenos naturales o atentados terroristas) se percibe por la víctima como algo inesperado y fuera de control.

Sucesos traumáticos repetidos (como los que experimentan los soldados en el campo de batalla, o las víctimas de violencia doméstica o de género) también experimentan un impacto psicológico similar, pero las víctimas de violencia doméstica tienen otras características propias aparte de las típicas del síndrome por estrés postraumático pues desarrollan unas habilidades para manejar la situación con una amplia variedad de métodos, como minimizar los hechos, negar el peligro, o reprimir sus sentimientos, entre otros.

La nacionalidad de las mujeres víctima de la violencia de género determina cómo les afecta cada uno de los parámetros del síndrome, así, las rusas son más propensas a adoptar comportamientos de evitación incluido el adormecimiento emocional para superar el trauma.

TIPOS DE AGRESORES

Los psicólogos han diferenciado varios tipos de agresores :

  1. los que utilizan la violencia como forma de poder y control,
  2. los que padecen una enfermedad mental que interactúa con su comportamiento agresivo,
  3. y los que tienen una personalidad antisocial, dentro de estos últimos, se han diferenciado dos subclases, pitbull y cobra,

El pitbull es el tipo de agresor que cuando está enfadado no deja ir a la mujer, y conforme ejerce la violencia, su ira aumenta y es patente en signos físicos como pulso acelerado o respiración pesada. El tipo cobra cuanto más enfadado está, más calmado se siente, y tiene unas pulsaciones más bajas y acciones más deliberadas y calibradas para mantener el control, como rehusar mantener relaciones sexuales en la fase de la escalada de violencia, para hacer sentir a su pareja rechazada y humillada.

  • Ello demuestra que no existe un perfil concreto de maltratador, y que, como jueces, no podemos dejarnos engañar por las apariencias porque aún cuando un hombre va bien vestido y tiene buena educación puede ser extremadamente peligroso.
  • LEONORE A. WALKER.
  • The battered woman syndrome.
  • Third edition.
  • Páginas 42 y siguientes.

El agresor utiliza muchas formas de manipulación tales como el aislamiento, la imposición de sus propias reglas, degradación, celos, comportamientos imprevisibles y amenazas. El aislamiento es un elemento común en todos los grupos culturales, parte de la idea de considerar a la mujer como una posesión, y se materializa en una situación de control sobre cómo, cuándo y dónde ve a la familia y amigos, acompañándola al trabajo, restringiendo el tiempo que le había dado para salir, llamándola constantemente por teléfono cuando sale, etc.

El grupo de mujeres norteamericanas analizado en el estudio de la Doctora Walker, página 65, mencionaron como comentarios degradantes comunes: “Me regañaba como a un niño pequeño, inferior y estúpido” “Él podía hacerlo todo y me hizo creer que yo era incapaz de hacer nada”. Comentarios comunes al resto de las nacionalidades analizadas.

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En cuanto a la percepción de la imagen propia, más allá del sentir común de la mayoría de las mujeres a las que no les gusta una parte concreta de su cuerpo, las mujeres víctimas de la violencia suelen odiar su cuerpo como un todo, derivado de la baja autoestima que experimentan y las dificultades en protegerse a sí mismas.

Los celos son la principal fuente de este problema, pero no solamente los celos hacia otros varones, sino también los bebés o hijos mayores pueden desencadenar celos en el maltratador. Conocida por todos es la recurrente frase “si no eres mía no eres de nadie”. LEONORE A. WALKER. The battered woman syndrome.

Third edition. Páginas 58 y ss tablas 3.5 a 3.7. LEONORE A. WALKER. The battered woman syndrome. Third edition. Páginas 6 y 7. JACOBSON and GOTTMAN, 1998. When men batter women: New insights into ending abusive relationships. New York, Simon & Schuster. ElDerecho.com no comparte necesariamente ni se responsabiliza de las opiniones expresadas por los autores o colaboradores de esta publicación

¿Qué es el síndrome de Helsinki?

El síndrome de Estocolmo, también llamado síndrome de Helsinki por algunas personas, es el nombre que recibe el comportamiento evidente de la victima que se ha vinculado emocionalmente con su captor o victimario hasta el punto de preferir mantenerse a su lado que hacer frente a una nueva vida sin estar sometida al

¿Qué pasa por la mente de una mujer maltratada?

Esto genera reacciones de miedo e impotencia que, sostenidas en el tiempo, se traducen en bloqueo, conductas no adaptativas, alteraciones negativas en la cognición (lenguaje, pensamiento, memoria y atención), así como en el estado de ánimo y cambios conductuales’, explica a Público Nuria Cordero, psicóloga especialista

¿Que hay detrás de un hombre violento?

¿Que emoción se relaciona con las conductas agresivas? – Se parte del supuesto de que la agresividad va a estar relacionada con los mecanismos de afrontamiento y el manejo de las emociones: inestabilidad emocional (falta de autocontrol ante situaciones que producen tensión) o empatía (sentimientos orientados al otro que tiene un problema o una necesidad).

¿Cuál es el ciclo de la violencia?

Existen tres fases en que se produce y reproduce la violencia: acumulación de tensión, estallido de violencia y luna de miel. La articulación de estos momentos da origen a lo que conocemos como círculo de la violencia.

¿Cómo se siente una víctima de maltrato psicológico?

El maltrato psicológico es una forma de agresión donde una persona ejerce un poder sobre otra, con comportamientos físicos o verbales de forma reiterada que atentan contra la estabilidad emocional. La víctima sufre intimidación, culpa y baja autoestima, sin lograr salir de la situación donde se siente prisionera.

¿Cómo es el abuso emocional?

El abuso emocional es un patrón de comportamiento en el que una persona insulta, humilla y generalmente infunde miedo en un otra para controlarlo. Partiendo de esta definición el abuso emocional puede desarrollarse en diferentes relaciones como los amigos, la familia, la pareja, el trabajo, etc.

  1. Cuando una persona es victima de abuso emocional su realidad puede distorsionarse a medida que internaliza el abuso como sus propias fallas.
  2. Esto suele ocurrir por que cuando estás en una situación abusiva, es fácil pasar por alto los primeros signos sutiles que se acumulan hasta convertirse en un trasfondo persistente de comportamiento abusivo.

Por ello este tipo de abuso es una de las formas más difíciles de reconocer. Al ser sutil e insidioso o abierto y manipuladora, socava el autoestima de la víctima y comienza haciéndola dudar de sus percepciones y la realidad. Para conocer más sobre sus mecanismos y signos de alerta continúa leyendo.

¿Qué efectos tiene el maltrato psicológico?

La violencia emocional causa un gran daño psicológico: Baja autoestima y daños en la autoimagen. Estrés crónico y ansiedad. Abuso de sustancias, como puede ser el alcohol y las drogas, para escapar de la realidad. Alteraciones del sueño.

¿Cuando un hombre es violento puede cambiar?

Consigue respuesta gracias a la consulta online – ¿Necesitas el consejo de un especialista? Reserva una consulta online: recibirás todas las respuestas sin salir de casa. Mostrar especialistas ¿Cómo funciona? La violencia en sí misma no se cambia porque no es negativa, lo que se intenta disminuir es la expresión conductual de ella, siendo necesario un tratamiento que incluya terapia y fármacos, entre otras terapias complementarias. Saludos El medio para cambiar la violencia en una persona es que esa persona esté dispuesta a dejar de ser violenta.

  • Sin eso, es prácticamente imposible, con eso es difícil, pero es algo posible.
  • Según mi experiencia a través de años de clínica, estoy convencido que una persona violenta sea mujer u hombre, sea de parte de uno o lo que se ve ahora mucho es la violencia cruzada.
  • Creo que la mejor forma de cambiar estos patrones desadaptativos en los pacientes que consultan por terapia de pareja es un acabado proceso psicodiagnostico donde Rorschach es esencial.

Luego una psicoterapia Cognitiva Conductual de tipo Beck y si el amor esta presente, ya tenemos ganado el 70% de la psicoterapia. Todo es modificable, Saludos.! Hay diferentes tipos de violencia. Y hay víctimas. Cuál de ambas es usted? Si es víctima es importante analizar porqué ha llegado a serlo.

  1. Si es el actor violento y realmente reconoce en usted un problema, definitivamente hay cura.
  2. Saludos! Se puede cambiar.
  3. Pero depende de su grado de empatía y conciencia de sus propias emociones.
  4. Si no tiene la capacidad para sentir lo que provocan en el otro y en sí mismo, difícilmente podrá generar un cambio.

Estimado consultante, Debo decirle que si se puede “graduar” la agresividad, me refiero a que la persona cuando logra darse cuenta que la violencia no es el camino, intentará ya sea con ayuda externa: psicólogo, psiquiatra, o bien con su propia auto percepción de su problemática.

  • Por ello, es importante que el paciente en cuestión pueda llegar a la conclusión de que es importante realizar un cambio, lo que le permitirá tener una mejor calidad de vida y mejor relación con el entorno.
  • Espero haber despejado sus dudas, atentamente, Ps.
  • Adriana Alejandra Silva Cerda No se si la violencia de una persona se puede cambiar, lo que si se que se puede cambiar, es que la persona violentada deje de aceptar la violencia como forma de relacionarse.

Hay que identificar ¿cual es el rol que cumple la violencia en tu historia personal y familiar? Saludos Hola, gracias por compartir tu problema. La violencia suele iniciarse del enojo y la rabia. El enojo es una emoción, abarca desde la irritación leve hasta la furia y rabia intensas, que pueden llevar a violencia y la agresión.

No se nace siendo violento, sino que se aprende a serlo, y a reaccionar de esa manera, y también se aprende a no serlo. Si estás en una relación en la que se ejerce violencia, te aconsejo que busques ayuda para que puedas tomar decisiones. Es importante recordar que el amor se expresa desde el buen trato.

Se puede trabajar en que se relacionen desde el amor propio, y la violencia desaparezca, pero no es automático, requiere de mucho trabajo. Te invito a agendar una hora en doctoralia para que iniciemos el camino. Un abrazo, Sylvia. Le invitamos a una visita: Consulta online – $30.000 Puede concertar una visita a través del sitio Doctoralia, haciendo clic en el botón Concertar visita.

  1. Es posible cambiar la reacción de las personas ante sus emociones.
  2. Es importante que esa persona acuda a terapia para que aprenda a gestionar sus emociones y reaccionar ante ellas, para no dañar a los demás a su causa.
  3. Saludos Le invitamos a una visita: Psicoterapia adulto – $30.000 Puede concertar una visita a través del sitio Doctoralia, haciendo clic en el botón Concertar visita.

Buenas Noches! Claro que se puede lograr siempre y cuando la persona esté genuinamente interesada en dejar esos patrones de violencia fuera de su vida y se haga consciente del daño que provoca en sí mismo y a los demás. De lo contrario, es poco probable que ya no las utilice.

  • Saludos! Pues aquello dependerá de si existe algún trastorno psicopatológico que esté funcionando de base.
  • Una vez descartado aquello, los cambios en una persona violenta dependerán entre otras cosas, de la voluntad que esta persona manifieste de cambiar y para ello, si observa que la violencia es fuente de conflictos y si está dispuesta la persona a hacer cambios, pues la psicoterapia puede ayudar.

Le invitamos a una visita: Primera visita psicología – $30.000 Puede concertar una visita a través del sitio Doctoralia, haciendo clic en el botón Concertar visita. Sí, es posible que la persona cambie y si está dispuesta a hacerlo. Lo indicado es que vaya a terapia a una psicóloga(o), donde empezarán a revisar el posible origen de su conducta, donde detrás se esconde mucha rabia e incluso pena, que no han sido manejados o expresados en su momento.

  • La violencia es un síntoma de emociones y pensamientos muchas veces equivocados desde la interpretación personal y potenciados por experiencias personales donde se fue téstigo o víctima de violencia. Saludos.
  • La violencia es trabajable, recomendaría una terapia individual con un trabajo en el reconocimiento y elaboración de emociones, junto a un trabajo en el control de impulsos.

Todo siempre y cuando le haga sentido a la persona que este ejerciendo violencia. Hola! Muchas gracias por tu pregunta! La violencia si puede cambiar pero eso dependera de su grado de empatía y conciencia de sus propias emociones. Adicionalmente dependera de la voluntad de la persona en querer cambiar.

Te deseo mucho exito! Antes que todo un gusto en saludarte, que buena pregunta es la que plantea. Sería para mi muy contradictorio no creer en el cambio siendo psicólogo clínico y tanto por mi experiencia y la evidencia científica te puedo asegurar que la violencia como la señalas es tratable y graduable, lo anterior se explica porque todo acto violento está predecedido por un pensamiento automático que desde el enfoque cognitivo se le conoce como distorsión cognitiva, en este caso el psicoterapia debe enfocarse a una tarea no muy común que es el de modificar la conducta.

Maltratos sutiles que tienes que detectar a tiempo

El cuestionamiento socrático y el entrenamiento en autorregistro diario de estas situaciones aportan mucho para que la persona logre tener más respuestas que reacciones. Saludos.

Llevo 4 años con mi pareja, tenemos un nené de casi un año, nuestra relación siempre ha sido violenta y llena de golpes y daño, pero cuando nos hemos separado volvemos porque el extrañarnos es peor, se que nos amamos pero tenemos conductas violentas, sobre todo yo que soy la que lo maltrata por minimas Con mi pololo 3 años queremos terminar a causa de mis padres, mis padres son muy aprensivos conmigo y yo no se hacerles fuerte, y por lo cual, mi pololo ya esta cansado de saber que nunca podremos formar algo estable sí mis padres se sigue entrometiendo. Se puede ir a terapia por esto? necesito orientación, mi marido no puede evitar de mentir lo cual lo ha llevado a engaños unos tras otros, yo le he perdonado una y otra vez, jura no volver a hacerlo pero dura una semana y es lo mismo. Queremos ayuda profesional, que tipo de terapia de pareja o individual, psicologo o psiquiatra? Soy una mujer que en mi inrancia vivi y crecia con un padre que era muy violento,ahora que tengo mi pareja cuando estoy estado de ebriedad estas dos veces lo agredi fisicamente y me duele que yo le haga eso a el.y no se como dejar de serlo me asombro pprque yo no era asi Por eso eh dejado de ingerir Hola! Con mi pareja hemos perdido la confianza, y hay inseguridad parte de ambos pero hay muchísimo amor. Ya no sabemos que hacer. Estoy casada hace 17 años, y hace unos 2 meses me dijo que ya no estaba seguro si me amaba pero si que me quería, que se había dado cuenta que quería hacer muchas cosas, pero le faltaba tiempo a pesar de eso seguimos juntos pero yo ya no siento seguridad con él no sé como volver a retomar la relación Hace dos años fui infiel.Mi pareja dice haberme perdonarme pero en cada discucion sale el tema a relucir, Esto hace que la culpa me persiga hasta el extremo de querer desaparecer. La sociedad hasta hoy me juzga. Y ya no se que hacer.Como pido ayuda? Llevo 5 años con cuadro de ansiedad, bueno los primeros años fue horrible sentia varios sintomas, como la irrealidad, mareos, y se me entumercia todo el cuerpo, sentia que no era mi cuerpo, bueno ahora lo controlo, ya no me viene pánicos, pero de todas maneras quiero superar y no volver a recaer, la Tengo 17 años de casada mi esposo no pasa en casa, viene a casa cada 2 semanas 3 días pasa en casa. Cuando viene a casa ya no tiene interés de tener relaciones conmigo dice que el trabajo el estres yo lo deseo mucho sigo enamorada siento que mi hogar va derrumbando ya no es el mismo de antes conversamos Mi pareja tuvo conductas muy violentas y me golpeó a mi y a mi hijo siendo to la más lastimada. El esta donde su familia pero esta con todas las ganas de cambiar su conducta se esta haciendo tratamiento sicológico y quiere reconquistarme pero me da terror que vuelva a pasar lo mismo, Realmente con

¿Qué piensa un maltratador?

2. La rigidez – El maltratador piensa y actúa como si fuera dueño de la verdad, Las razones de los demás le tienen sin cuidado. Tiende a imponer sus ideas sin importar el contexto en el que se encuentre. A la hora de establecer acuerdos, no cede un milímetro porque cree que sus puntos de vista deben ser aceptados.

¿Que hay detrás de un hombre violento?

¿Que emoción se relaciona con las conductas agresivas? – Se parte del supuesto de que la agresividad va a estar relacionada con los mecanismos de afrontamiento y el manejo de las emociones: inestabilidad emocional (falta de autocontrol ante situaciones que producen tensión) o empatía (sentimientos orientados al otro que tiene un problema o una necesidad).

¿Qué pasa por la mente de una mujer maltratada?

Esto genera reacciones de miedo e impotencia que, sostenidas en el tiempo, se traducen en bloqueo, conductas no adaptativas, alteraciones negativas en la cognición (lenguaje, pensamiento, memoria y atención), así como en el estado de ánimo y cambios conductuales’, explica a Público Nuria Cordero, psicóloga especialista

¿Qué piensa un agresor?

PERFIL Y CARACTERÍSTICAS DE LOS HOMBRES MALTRATADORES – Dividiremos esta descripción en 4 bloques, dos presentaremos en este artículo y A. Características de los hombres maltratadores: Aspectos comportamentales: Deseabilidad social: el hombre se muestra socialmente adaptado, moralmente virtuoso y emocionalmente ajustado, por ello se habla de su doble fachada que hace referencia a que la persona que ejerce violencia tiene una doble imagen, socialmente se presenta como tranquilo, amable, preocupado por su familia y generalmente inhibe y oculta su malestar.

Las personas con las que se relaciona tienen una imagen positiva de él (comprensivo, tolerante, razonable), pero paradójicamente dentro del entorno familiar muestra su cara violenta. Los agresores suelen decir: “Nunca me peleo con nadie, en mi trabajo me quieren, nunca discuto, Sólo mi mujer, que me provoca hasta el cansancio, logra de vez en cuando hacerme enojar” El hombre que agrede a su pareja se presentará ante el psicólogo, en el trabajo, etc., como una persona amable y preocupada por su familia y dando una imagen de ser él en realidad, la víctima.

Repetición de la violencia con otras parejas: este hombre ha maltratado a anteriores parejas y muy probablemente, lo hará en el futuro con las nuevas relaciones que establezca. Esta persona repite el mismo patrón de conducta. Abuso de sustancias: si bien el consumo de sustancias es un rasgo característico en este tipo de personas, no se debe asociar directamente como causa del maltrato, en todo caso el alcohol u otro tipo de drogas pueden ser un precipitante del acto de agresión.

Control de impulsos vs impulsividad: En realidad son personas que en un momento pierden relativamente el dominio, es decir son violentos cuando observan que la situación de control que ejercen contra sus parejas comienza a no funcionarles. ” Es que ella me seguía preguntando dónde había estado, yo le decía que parara, que me dejara en paz, pero ella seguía y seguía hasta que no pude más”., en estas situaciones se encuentran desbordados y alterados, pero no se descontrolaran totalmente, ellos saben que agreden y lo hacen para no perder la supremacía de la relación.

Además no son personas violentas en cualquier lugar ni con cualquier persona, sino que el maltrato es dirigido exclusivamente contra sus parejas y agreden en lugares precisos donde nadie puede observarlos. Por ejemplo, si alguno de estos hombres se molesta con su mujer en un ámbito público no va a agredirla allí mismo, -como lo haría una persona con escaso o nulo control de impulso que ante la más mínima frustración desencadena su ira-, sino que esperará hasta llegar a su casa y recién allí descargara la violencia.

Definiciones rígidas de los roles masculinos y femeninos: este rasgo es central para comprender el maltrato en la pareja. Los hombres que maltratan mantienen un pensamiento rígido sobre los roles que deben asumir el varón y la mujer. Son sexistas y discriminativos. Minimización y justificación: las personas que maltratan minimizan su conducta agresiva considerando que lo que ha pasado es algo ínfimo y sin importancia.

El hombre minimiza la gravedad del maltrato ocasionado “sólo la empujé levemente, para separarme de ella y tropezó y se cayó, por eso se hizo daño en el brazo”, También se minimizan la cantidad de hechos de violencia, ( “sólo pasó una o dos veces”, “Fue sólo esa vez, nosotros siempre nos llevamos bien”), Externalización de la culpa, no se responsabilizan: esta característica está asociada a los tres rasgos anteriores, la persona que ejerce violencia, no se responsabiliza de su conducta, sino más bien, culpa a la mujer, es ella la que provoca o agrede.

“Mi pareja es caprichosa, no es por hablar mal de ella, toma las decisiones por caprichoElla se exaltó, yo me exalté, tuve una pérdida de control igual que ella. Ella empezó a amenazarme: te voy a meter presoes como si me hubieran manipulado para que yo caiga y pise el palito, fui débil y me dejé llevar por mis impulsos.”.

La rumiación en el pensamiento: es un rasgo importante que está asociado a la inseguridad, los celos desmedidos y el aislamiento entre otros, porque la persona vive sus preocupaciones, desarrollando un monólogo interno en el que las dudas y los celos se tornan certezas en su fantasía. Rigidez cognitiva: pensamiento dicotómico todo o nada: el sujeto cree que su idea es la correcta, piensa que todo se debe hacer como él dice, porque es la única forma correcta. Le resulta difícil reconocer que puede estar equivocado. Como señala un hombre “A ella le molesta que le hable y le haga entrar en razón, porque yo casi siempre tengo razón, y le explico.a mi me gustaría que ella viese las cosas como yo, para su bien”.

“Es que ella no sabe hacer nada y encima se molesta cuando le digo lo que tiene que hacer, la debería dejar que se equivoque sola, pero bueno como la quiero, quiero enseñarle el camino correcto”. Rigidez cognitiva: pensamiento dicotómico de ganar o perder: establece los conflictos a nivel de una pelea en que se gana o se pierde y no como una negociación.

Los conflictos son vividos como una lucha donde hay vencedores y vencidos. : Maltratadores que ejercen violencia de género, cómo son y cómo actuan