Quien Abrió Las Aguas En La Biblia
Delta del Nilo – Pie de foto, Dios dividió las aguas del mar por mediación de Moisés, según las escrituras bíblicas. Para el estudio, publicado en la revista PLoS ONE , se modelaron diferentes localizaciones y profundidades de las avenidas de agua del Delta del Nilo que pudieron existir en la época de Moisés.

  • En el libro del Éxodo se describe cómo Moisés y los israelitas a los que guiaba fuera de Egipto, quedaron atrapados entre el ejército del faraón y el Mar Rojo o Mar de de los Juncos;
  • Entonces Dios dividió las aguas del mar por mediación de Moisés y de un viento del este que sopló durante toda la noche, permitiendo a los hebreos cruzarlo con seguridad;

Cuando los egipcios intentaron seguirles, las aguas volvieron a su cauce ahogando a los perseguidores..

¿Quién abrió el agua en la Biblia?

“Extendió Moisés su mano sobre el mar; y el Señor, por medio de un fuerte viento solano que sopló toda la noche, hizo que el mar retrocediera; y cambió el mar en tierra seca, y fueron divididas las aguas”. Éxodo 14:21. El relato es uno de los más impresionantes de la Biblia.

  • El épico pasaje, que nos recuerda inevitablemente la imagen de cada Viernes Santo en TV, con Charlton Heston abriendo las aguas del Mar Rojo en su papel de Moisés, volvió al debate gracias al estreno de “Exodus: Dioses y Reyes” cinta dirigida por Ridley Scott y protagonziada por Christian Bale;

Sin embargo, tal como muchos otros relatos de la Biblia, el episodio de hace más de 3 mil años también ha sido analizado por la ciencia, con arqueólogos y egiptólogos buscando evidencias que demuestren si de verdad algo así puede ocurrir. Y aunque entre las teorías más conocidas se cuenta a un tsunami provocado por un gran terremoto, no es la más aceptada.

De acuerdo a un estudio del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) y la Universidad de Colorado en Boulder (CU) la explicación sería más simple: el viento. Carl Drews, investigador del NCAR y autor principal de un estudio publicado en 2010 muestra en una simulación por computadora cómo un fuerte viento proveniente del este que soplaba a poco más de 100 kilómetros por hora pudo hacer retroceder el agua de dos metros de profundidad, gracias a que dos cuencas antiguas unidas en una curva en forma de U a lo largo del Mar Mediterráneo formaron un puente de tierra de 2,5 Km de largo y 3 Km de ancho, abriendo un paso para que las personas circularan por alrededor de nueve horas.

La investigación, basada en la reconstrucción de la profundidad y ubicación de los cursos de agua del Nilo, puede ser entendida como dinámica de fluidos y si bien no confirma que el hecho haya ocurrido como lo dice la Biblia, sí demuestra que físicamente, puede ser cierto.

¿Quién abrio las aguas Moisés?

Narrativa bíblica [ editar ] – Dios escoge Moisés para librar a los israelitas de la esclavitud en Egipto y llevarlos a la tierra prometida de Canaán. El faraón egipcio, tras una serie de milagros, accede a dejarles ir y viajan de Ramesses a Succoth y de allí a Etham en el borde del desierto, dirigidos por una Columna de Nubes por el día y una columna de fuego por la noche. Cruzando el Mar Rojo , una pintura de pared circa 1640 en Yaroslavl , Rusia El Faraón persigue a los israelitas con carros de guerra y les adelanta en Pi-hahiroth. Los israelitas se asustan al ver al ejército egipcio, pero la columna de nubes y la de fuego se encarga de mantenerlos a distancia. Por orden de Dios, Moisés pone su vara sobre el agua y durante la noche un fuerte viento del este divide el mar, para que los israelitas pueden andar por el camino que ha quedado seco entre columnas de agua.

Allí Dios ordena a Moisés dar la vuelta y acampar en Pi-hahiroth, entre Migdol y el mar, enfrente de Baal-zephon. Los egipcios les persiguen, pero Dios vuelve a cerrar las aguas y mueren ahogados. [ 3 ] ​ Al ver poder de Dios, ponen toda su confianza en Él y en Moisés y cantan una canción.

(Esta canción, aparece en Éxodo 15 y se llama Shirat HaYam ). La historia contiene al menos tres y posiblemente cuatro capas. En la primera capa (la más antigua), Dios envía el mar hacia atrás de un soplido; en la segunda, Moisés levanta su mano y las aguas se dividen en dos columnas; en la tercera Dios obstruye las ruedas de los carros egipcios y estos huyen (en esta versión los egipcios ni siquiera se introducen en el agua); y en la cuarta, la de la Canción del Mar o Shirat HaYam , Dios lanza los egipcios a tehom , las profundidades oceánicas o el abismo mítico.

¿Cómo se llama el mar q abrio Moisés?

Blount DeMille, en la película de Los 10 Mandamientos, muestra la escena como un enfrentamiento épico en el que un Moisés repleto de fe logra separar las aguas del mar Rojo para abrir un camino a su pueblo mientras es escudado de los egipcios con lenguas de fuego.

¿Cuántas veces se abrieron las aguas en la Biblia?

Sin embargo, debe quedar claro que ‘el milagro del mar se produjo una sola vez y está vinculado al éxodo–huida y a Moisés.

¿Qué aguas abrio Elías?

Capítulo 36: Elías y Eliseo – Elías parte las aguas del río Jordán con su manto y es llevado al cielo. Eliseo se convierte en el nuevo profeta. Parte las aguas del río con el manto de Elías y es reconocido como un profeta. 1:41.

¿Qué río abrió Josué?

Poco tiempo después de la muerte de Aarón , el Señor dijo a Moisés : “Toma a Josué , hijo de Num , y pon tus manos sobre él delante del sumo sacerdote Eleazar y del pueblo, y delega en él tu autoridad, para que el pueblo le obedezca”. Moisés hizo lo que el Señor le ordenó y dijo a Josué : ” Se fuerte y no temas. Guiarás a los israelitas hasta la tierra de Canaán y harás el reparto de la tierra. El Señor irá delante de ti, no tengas miedo”. Poco tiempo después, llegaron al monte Nebo. Desde allí Moisés pudo mirar más allá del río Jordán y ver la tierra de Canaán, pero no llegará a entrar en ella. PASO DEL RÍO JORDÁN Para llegar a Canaán los israelitas debían atravesar el río Jordán. El Señor había dicho a Josué como deberían hacerlo: “Los sacerdotes llevarán el Arca de la Alianza. Cuando lleguen al río Jordán y se metan en el agua, ésta se detendrá y el pueblo podrá pasar. Cuando haya pasado todo el pueblo, los sacerdotes se retirarán y las aguas del río volverán a fluir”.

Moisés murió sobre el monte Nebo y Josué se convirtió en el nuevo líder del pueblo de Israel. Cuando los reyes de los reinos vecinos se enteraron de que el Señor había secado las aguas del Jordán hasta que pasaron, perdieron todo su valor para luchar ante los hijos del pueblo de Israel.

CONQUISTA DE JERICÓ La ciudad amurallada de Jericó tenía cerradas todas sus puertas con cerrojos, nadie salía ni entraba por miedo a los israelitas, que se encontraban cerca. El Señor dijo a Josué: ” Tú y tus guerreros daréis vueltas alrededor de los muros de la ciudad durante seis días.

Siete sacerdotes irán delante del Arca de la Alianza tocando sus trompetas. El séptimo día daréis siete vueltas, cuando los sacerdotes hagan sonar fuertemente las trompetas, el pueblo se pondrá a gritar fuertemente y las murallas de la ciudad se derrumbarán”.

Los israelitas hicieron lo que el Señor les había dicho y el séptimo día las murallas de Jericó se derrumbaron. Los israelitas entraron en la ciudad, mataron a sus habitantes y después las quemaron. La plata, el oro, el cobre y el hierro que encontraron se guardó como tesoro del tabernáculo.

  • EL PUEBLO DE GABAÓN Muchas de las ciudades de Canaán estaban preparadas para luchar contra los israelitas, pero los habitantes de Gabaón prefirieron llegar a un acuerdo;
  • En vez de luchar se convierten en sus esclavos;

El rey de Jerusalén se enfada con los gabaonitas porque han hecho la paz con Israel. Así que, junto a otros cuatro reyes, deciden declarar la guerra a Gabaón. Los gabaonitas son atacados por los cinco reyes y envían a un hombre para que pida ayuda a Josué.

Cuando los israelitas llegan a Gabaón, los soldados de los cinco reyes se asustan y empiezan a huir. Entonces el Señor hace que caigan grandes piedras de granizo desde el cielo, y mueren más soldados por el granizo que por los guerreros de Josué.

Josué se da cuenta de que se va a poner el sol y los soldados de los cinco reyes van a poder escaparse; ora al Señor y dice: “Sol, detente sobre Gabaón”. Y el sol se detuvo hasta que el pueblo de Israel venció a sus enemigos. Josúe y sus guerreros tardaron varios años en derrotar a los pueblos que vivían en Canaán.

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¿Qué significa separar las aguas de las aguas?

El épico pasaje bíblico, que la película «Exodus» ha vuelto a poner de actualidad, pudo haber sido provocado por fuertes vientos – 10/12/2014 Actualizado a las 16:27h. La separación del Mar Rojo es uno de los relatos bíblicos más épicos, emocionantes y legendarios.

  1. La imagen de Charlton Heston como Moisés ordenando a las aguas que abrieran paso a su pueblo para salir de Egipto está grabada en nuestras retinas, una escena que, actualizada por los modernos efectos especiales, podemos ver repetida en la nueva superproducción «Exodus» de Ridley Scott, esta vez con Christian Bale como profeta;

La película , ahora en cartelera, ha vuelto a poner actualidad el milagro de la separación de las aguas hace más de 3. 000 años. ¿De verdad pudo ocurrir algo así? ¿Existe una explicación científica, fuera de la fe, que sostenga un fenómeno semejante? Los arqueólogos y egiptólogos han encontrado pocas evidencias directas para corroborar este relato del Éxodo, y los científicos se han afanado en encontrar una causa natural.

Algunos han especulado acerca de un tsunami, lo que habría causado que las aguas se retiren y avancen rápidamente. Pero tal evento no habría causado la brecha temporal como se describe en la Biblia. Un estudio realizado por investigadores del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) y la Universidad de Colorado en Boulder (CU) daba en su día una explicación alternativa: el movimiento del viento.

Las simulaciones por ordenador muestran que un fuerte viento del este, que soplaba durante la noche a 63 millas por hora, podría haber hecho retroceder el agua de dos cuencas antiguas fusionadas en una curva con forma de U, la de un río (un antiguo brazo del río Nilo) y una laguna costera (el Lago de Tanis) a lo largo del Mar Mediterráneo, para crear un puente de tierra seco de 2 a 2,5 km de largo y 3 km de ancho, permitiendo a la gente caminar a través de las marismas con seguridad durante unas nueve horas. La investigación se basó en una reconstrucción de las posibles ubicaciones y profundidades de los cursos de agua del delta del Nilo, que han variado considerablemente con el tiempo. «Las simulaciones coinciden bastante estrechamente con la cuenta en el Éxodo», decía Carl Drews, investigador del NCAR y autor principal del estudio en PLoS ONE. «La separación de las aguas puede entenderse mediante dinámica de fluidos. El viento mueve el agua de una manera que está en conformidad con las leyes físicas, creando un pasaje seguro con agua a ambos lados y luego, abruptamente, permitiendo que el agua vuelva».

Tan pronto como el viento se calmó, las aguas volvieron a cubrirlo todo como en una marejada. La explicación de Drews encaja de forma notable con el relato del Éxodo, que describe cómo en su huida de los ejércitos del faraón, Moisés y los israelitas llegaron a un cuerpo de agua que ha sido traducido como el Mar Rojo.

En un milagro divino (el viento, para Drews), se dividieron las aguas dejando un paso de tierra seco (el puente de tierra) con agua a ambos lados. Cuando los israelitas ya estaban en la otra orilla, las aguas volvieron a unirse (el viento se paró) y los soldados egipcios se ahogaron.

¿Qué hizo Moisés para no entrar a la tierra prometida?

Luego de salir de Egipto, cuenta la Biblia que el caudillo y legislador hebreo Moisés estuvo guiando al pueblo de Israel durante 40 años a través del desierto, enfrentando graves peligros, luchando contra feroces enemigos y soportando duras penalidades, rumbo a la tierra prometida.

  1. Pero al llegar a las puertas del nuevo país, Moisés tuvo que despedirse de la gente, y allí murió, sin poder alcanzar la tan ansiada meta;
  2. Había sido la figura más grande de Israel, el libertador y fundador del pueblo, y sin embargo murió en el exilio, enterrado en una tumba que nadie pudo visitar jamás [1];

¿Por qué Dios lo castigó de esa manera? Fue, dice la Biblia, por una falta que cometió durante su travesía en el desierto. Dios no se la perdonó, y por eso le negó el ingreso a Canaán. Pero cuando intentamos averiguar cuál fue esa falta, no resulta fácil descubrirla.

Nos enteramos de que había pecado sólo cuando el mismo Moisés, al llegar a la entrada de la Tierra Prometida, en las llanuras de Moab, frente al río Jordán, reúne a todos los israelitas y pronuncia un discurso en el que les comunica que no podrá pasar el río con ellos y tomar posesión del nuevo territorio, porque Dios se lo ha prohibido.

Y les explica la razón. ¿Cuál es? El discurso explicativo de Moisés está en el libro del Deuteronomio (capítulo 1). En él les cuenta que el incidente tuvo lugar 38 años antes, mientras los hebreos se hallaban en medio del desierto, en una localidad llamada Cadés Barnea.

  • Moisés había decidido enviar unos espías para que se adelantaran y entraran de incógnito en la Tierra Prometida, con el fin de averiguar cómo era, quiénes la habitaban, qué población tenía, y poder organizar la conquista;

Les pidió también que trajeran algunos frutos del lugar como muestra. Luego eligió a 12 hombres, uno por cada tribu, y los mandó (Dt 1,22-23). En el discurso, Moisés sigue recordando cómo los exploradores entraron en el país, estudiaron cuidadosamente el terreno, y después de 40 días regresaron al campamento de Cadés contando con grandes alabanzas el lugar que habían visto.

  • Era una tierra maravillosa, rica, fecunda, y como prueba de su fertilidad traían un racimo de uvas tan enorme, que para cargarlo debieron transportarlo entre dos personas (Dt 1,23-24);
  • El pueblo se entusiasmó con el relato, y quería inmediatamente organizar la conquista;

Pero no todas eran buenas noticias. Los exploradores también contaron que la población eran muy numerosa, sus ciudades fuertes y amuralladas, y sus habitantes era gigantesco; al lado de ellos, los espías hebreos parecían insectos (Dt 1,25-28). Entonces la escena cambió. Los israelitas se espantaron, y empezaron a gritar. Se enojaron con Moisés por haberlos sacado de Egipto y quisieron nombrar otro jefe para que los llevara de vuelta al país del Nilo. La desesperación se apoderó del campamento. Las mujeres lloraban acongojadas, y los hombres murmuraban: ” Éste es nuestro fin.

  1. ¡Para qué habremos salido de Egipto! “;
  2. Moisés trató de calmarlos, recordándoles que Dios había prometido estar al lado de ellos y acompañarlos; pero fue inútil;
  3. Ningún argumento pudo convencerlos, y se negaron a emprender la conquista de Canaán (Dt 1,29-33);

Entonces intervino Dios. Ofendido porque los israelitas habían perdido la confianza en Él, decidió castigarlos de una manera ejemplar: ninguno entraría a ver la Tierra Prometida. Todos morirían en el desierto, antes de llegar; sólo sus hijos lograrían conocerla (Dt 1,34-36).

Pero aquí viene la sorpresa: dice Moisés que Dios también se enojó con él, y lo condenó a morir en el desierto, sin permitirle cumplir el sueño de conocer el añorado país (Dt 1,37-38). Fue tan grande el enfado de Dios que, 38 años después, cuando llegaron a Canaán, y ya habían muerto todos los israelitas castigados (los que llegaron fueron sus hijos, es decir, una nueva generación de israelitas), Moisés intentó pedir a Dios que lo dejara entrar, pensando que se le habría pasado el enojo.

Pero Dios le contestó: ” ¡Basta ya! No vuelvas a tocar ese tema ” (Dt 3,23-28). Y no logró convencerlo. Ésta es la explicación que da el libro del Deuteronomio de porqué Moisés no pudo ingresar en la Tierra Prometida. Pero los estudiosos se preguntan: ¿por qué Dios se enojó con Moisés? ¿Qué tenía que ver él en esta historia? Como no encuentran respuesta, tratan de buscar en el episodio de los espías alguna falta del caudillo hebreo.

  1. Así, algunos piensan que ésta consistió en haber enviado espías para explorar el país en vez de confiar en Dios;
  2. Otros creen que fue el no haber acompañado a los exploradores;
  3. Un tercer grupo opina que no supo apaciguar la rebelión israelita, como correspondía a un buen líder;

Pero todos estos intentos de explicación son inútiles, ya que el mismo libro del Deuteronomio, cuando cuenta la escena, afirma que sólo los israelitas pecaron, y que Moisés ligó el castigo gratuitamente. En efecto, en su discurso al pueblo reunido, Moisés declaró: ” Por culpa de ustedes Yahvé se irritó también contra mí ” (Dt 1,37). Quien Abrió Las Aguas En La Biblia Vistas así las cosas, el castigo de Moisés por la rebelión del pueblo resulta inmerecido. Pero si miramos mejor la Biblia, descubrimos que ese castigo no fue la verdadera causa de la muerte de Moisés en el exilio. En efecto, al leer el episodio de los espías en su lugar original, es decir, no como está contado en el discurso de Moisés (en el Deuteronomio), sino en el libro de los Números 13-14, que es un texto más antiguo, encontramos allí otra versión.

  • Y más adelante les reitera: ” Por culpa de ustedes Yahvé se enojó conmigo y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la espléndida tierra ” (Dt 4,21);
  • Según este libro bíblico, pues, la falta fue únicamente de los israelitas, que se sublevaron contra Dios en el desierto; y después Dios hizo pagar también a Moisés por ello;

Según ésta, Dios castigó sólo a los israelitas. A Moisés no sólo no lo castigó, sino que le prometió engrandecerlo por haberse mantenido fiel (Nm 14,11-12). ¿Por qué entonces el libro del Deuteronomio, en el discurso de Moisés, cambia los hechos y afirma que también éste fue castigado y privado de la Tierra Prometida? Hoy los estudiosos parecen haber encontrado la respuesta.

Moisés (quien quiera que haya sido este personaje) debió de haber muerto por causas naturales, o por alguna razón que desconocemos. Pero en la mentalidad israelita resultaba inconcebible que alguien como él, amigo íntimo de Dios y uno de las figuras más grandes de su historia, muriera sin haber podido cumplir el objetivo que Dios mismo le había encomendado.

Como en la mentalidad antigua nada sucedía sin que Dios lo permitiera, concluyeron que su deceso se debió a una decisión divina, por alguna falta moral. Pero para no deshonrar la memoria de Moisés, atribuyéndole un pecado, prefirieron pensar que quien había pecado fue la comunidad y que Dios hizo extensivo el castigo a Moisés, como parte integrante del pueblo.

Por eso cuando en el siglo VII a. se escribió el libro del Deuteronomio, ésa fue la versión que su autor incluyó, para contar la muerte de Moisés. Así, para el autor Deuteronomista la muerte de Moisés se debió a un acto de solidaridad.

Si la nación que él había liberado, fundado y guiado debía morir en el desierto, Moisés tenía que seguir el mismo camino y acompañarla en su trágico final. Ésa es la razón por la que, mientras el libro de los Números afirma que Moisés sí iba a lograr entrar en la Tierra Prometida, el Deuteronomio dice que no, porque Dios había decidido castigarlo juntamente con el pueblo. Algunos años más tarde, otro autor bíblico a quien los estudiosos llaman el escritor Sacerdotal (porque formaba parte de los sacerdotes de Jerusalén), se propuso reescribir la historia de Moisés. Y se encontró de nuevo con el problema de su muerte. Pero la versión del Deuteronomista no lo convencía para nada. Éste, en su esfuerzo por eximir a Moisés de la mancha de pecado, había terminado manchando a Dios. Al decir que su muerte se debía a un pecado del pueblo, liberaba a Moisés de cualquier culpa, pero hacía culpable a Dios, por haberlo castigado injusta y caprichosamente.

  1. Comprendió que la única forma de limpiar la imagen de Dios era reconociendo que Moisés mismo había pecado, para que pudiera ser el responsable de su propia muerte;
  2. Entonces escribió una nueva versión del castigo divino, que hoy se encuentra igualmente en el libro de los Números (20,1-12), y que también está ambientada en Cadés Barnea, pero muy diferente;

Según ésta, poco después de llegar a la localidad de Cadés, los israelitas se quedaron sin agua. Se rebelaron contra Moisés, y lo acusaron de incapacidad y torpeza para guiar al pueblo. Las protestas se hicieron cada vez más violentas, y Moisés se asustó.

  • Ante esa situación, Dios se le apareció y le dijo: ” Toma tu vara y reúne a la comunidad, tú y tu hermano Aarón; luego habla a la roca, y la roca produciría agua “;
  • Moisés hizo lo que Dios le había ordenado;

Tomó su vara, reunió al pueblo, y le dijo: ” Escúchenme bien, rebeldes; ¿creen que podemos hacer brotar agua de esta roca? ” Luego levantó su mano y golpeó la roca dos veces con su vara. Inmediatamente comenzó a brotar agua en abundancia, y pudo beber toda la comunidad.

El relato termina diciendo que Dios llamó aparte a Moisés y Aarón, y los reprendió: ” Por no haber confiado en mí, y no honrarme delante de los hijos de Israel, les aseguro que no guiarán a esta comunidad hasta la tierra que les he dado ” (Nm 20,12).

Ahora sí, el relato mostraba a Dios castigando a Moisés con justa razón, porque había cometido personalmente un pecado. Pero la narración nos deja otra vez perplejos. ¿Cuál es el pecado que cometió? De nuevo los estudiosos se han lanzado en su búsqueda, y han propuesto varias e ingeniosas soluciones.

  • Por ejemplo: a) haber “golpeado” la roca con la vara, cuando Dios le había dicho que tenía que “hablar” a la roca;
  • (Pero si sólo debía hablarle, ¿para qué Dios le dijo que llevara la vara?) b) haber golpeado la roca dos veces, en vez de una;
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(Pero Dios no le dijo cuántas veces tenía que golpearla; ¿por qué no podía golpear las veces que quisiera?) c) haberse enojado con el pueblo gritándole “¡rebeldes!”, antes de hacer el milagro (¡Pero era cierto que eran rebeldes!) d) haber dudado de Dios, preguntando a la gente: “¿creen que podemos hacer brotar agua de la roca?”; e) hacer creer a la gente que el milagro lo realizaban él y Aarón, al decir: “podemos hacer brotar agua”, cuando era Dios el que la hacía brotar.

Muchas otras explicaciones se han sugerido para esclarecer el famoso pecado de Moisés. A tal punto, que un célebre rabino judío dijo con ironía: “Nuestro padre Moisés cometió un solo pecado; pero los exegetas le han encontrado más de diez, porque cada uno le inventó uno distinto”.

A pesar de los esfuerzos, no ha sido posible hasta el día de hoy determinar cuál fue el yerro en el que incurrió el legislador israelita. Y es posible que se trate de un genial truco del autor bíblico. Él sabía que tenía que escribir un relato señalándole a Moisés un pecado.

Y lo hizo. Pero a propósito lo dejó velado y enigmático, como para que los lectores no pudieran descubrirlo nunca. Así, el gran legislador israelita no sufriría la humillación de que todo el mundo se enterara cuál había sido su punto débil, y en qué le había fallado a Dios.

Tenemos, pues, en la Biblia tres versiones distintas sobre el ingreso de Moisés en la Tierra Prometida. Según la más antigua (Números 14), él no fue castigado con ninguna prohibición, a pesar de no haber podido entrar en ella; simplemente no entró. De acuerdo con la segunda (Deuteronomio 1), Dios le prohibió entrar a causa de un pecado cometido por el pueblo.

Según la tercera (Números 20), Dios le prohibió entrar por una falta suya personal. Fueron tres esfuerzos de la tradición hebrea para explicar porqué Moisés, que para eso había nacido y para eso había sido llamado por Dios, no pudo consumar la epopeya más grande de su vida, y de toda la historia de Israel.

– Atlas Bíblico Oxford , Verbo Divino-Ediciones Paulinas, Estella-Madrid 1989. – R. WHYBRAY,  El Pentateuco. Estudio Metodológico , Desclée De Brouwer, Bilbao 1995. – J. BLENKINSOPP,  El Pentateuco , Verbo Divino, Estella 1999. – N. LOHFINK,  Las tradiciones del Pentateuco en la época del exilio , (Cuadernos Bíblicos 97) Verbo Divino, Estella 1999.

¿Por qué Moisés fue abandonado en el río?

[ Historias de la Biblia para niños ]   [ Indice de Moisés ]   [ Canasta tejida ]   [ Manualidad de Moisés y Miriam ] [in English] por Sharla Guenther ¿Todos recuerdan la historia de José y su túnica de muchos colores?  Esta historia sucedió muchos, muchos años después de José; en realidad ocurrió ¡cerca de 200 años después! Las personas que eran parte de la familia de José se llamaban Israelitas o hebreos.

  1. En esa época había más israelitas que nunca antes;
  2. Los israelitas tenían hijos, y sus hijos tenían sus propios hijos  y pronto había tantos que no se podían contar;
  3. La mayoría de los israelitas vivían en Egipto, donde también vivían muchas personas llamadas los egipcios;

Es una lástima que no se consideraban entre ellos como semejantes. Pero como pronto lo verás, los israelitas y los egipcios recibían un trato muy diferente. Bueno, un nuevo rey que se llamaba el faraón asumió el poder en Egipto. No le gustaba que hubiera tantos israelitas y pensaba que un día querrían apoderarse de las tierras.

  1. Así que decidió que todos los israelitas serían esclavos;
  2. Los hizo trabajar muy duro desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche;
  3. Aun si estaban cansados, los egipcios no les daban un respiro y sólo los hacían trabajar más duro;

La situación era muy mala para ellos. El Faraón hizo todo esto y aun no estaba satisfecho. El número de israelitas seguía aumentando, así que decidió hacer una ley. Si algún niño israelita nacía, lo mandaría matar. En ese tiempo había una pareja israelita que estaba esperando bebé. Escondieron a Moisés por tres meses, pero a medida que crecía no dormía tanto y lloraba más fuerte que antes. Así que sus padres hicieron lo único que podían hacer; hicieron una canasta fuerte (como una pequeña barca) y pusieron mantas alrededor del bebé y colocaron la canasta en la hierba alta en el río Nilo. El bebé Moisés tenía una hermana que se llamaba Miriam, quien observó desde la distancia para ver lo que ocurriría con su pequeño hermanito.

  • Cuando tuvieron un niño  (que luego se llamaría Moisés) decidieron esconderlo porque no dejarían que nadie matara a su hermoso y valioso bebé;
  • Mientras observaba, vio que alguien se aproximaba, y se dio cuenta de que era la hija del Faraón y sus sirvientes;

Estaban vestidos como si fueran famosos, y como Miriam había visto antes a la hija del Faraón, la recordó fácilmente. La hija del Faraón había ido a nadar. Mientras nadaba, notó la canasta que flotaba un poco lejos en la hierba alta. Así que le pidió a uno de los sirvientes que mirara de qué se trataba.

La joven le trajo la canasta y cuando la hija del Faraón la abrió, la luz sorprendió a Moisés, quien se despertó y comenzó a llorar. “¡Qué bebé tan hermoso y tan dulce!  Debe ser de los israelitas”  dijo la hija del Faraón a sus sirvientes.

Miriam vio lo que había sucedido y se apresuró a preguntarle: “¿quieres que vaya y encuentre a una mujer israelita para que alimente al bebé?”   “Sí, ve y encuentra a alguien que pueda amamantar al bebé” contestó. Miriam  corrió tan rápido como pudo y le dijo a su madre que la hija del Faraón había encontrado al bebé y que quería que alguien lo alimentara.

  1. Fueron entonces y encontraron a Moisés con la hija del Faraón, quien les dijo: “por favor ayúdenme a alimentar a este bebé, y les pagaré por su ayuda;
  2. ”  (Ella no sabía que estaba hablando realmente con la madre de Moisés);

Más adelante se convirtió en el hijo de la hija del Faraón, y fue allí cuando ella lo llamó Moisés, que significa salvado de las aguas. Versión imprimible de esta historia.

¿Dónde está la tierra prometida en la actualidad?

(21-3) Josué 1:4. La tierra prometida – La Palestina bíblica es, según se considera corrientemente, la región que está al sur y al sudoeste de las montañas del Líbano, al norte y oriente de Egipto, al este de las llanuras costeras del Mediterráneo y al oeste del desierto de Arabia.

En superficie Palestina apenas tiene 240 kilómetros desde Dan a Beerseba y su zona más ancha es de 121 kilómetros. El Señor le prometió a Josué que la extensión original de la tierra prometida a Abraham sería dada a Israel (véase Génesis 15:18; Josué 1:4).

Aunque los israelitas que fueron a la tierra prometida con Josué generalmente fueron fieles y obedientes, como nación Israel pronto volvió a sus viejas costumbres y perdió las bendiciones que le fueron prometidas con relación a la obtención de toda aquella tierra.

¿Que hay en el fondo del Mar Rojo?

En Egipto no falta ni arena ni agua. Algunos de sus mayores secretos están bajo tierra y en el fondo del mar. Si en el desierto se encuentran las célebres construcciones de la civilización egipcia, en el Mar Rojo hay pecios, jardines de coral, un “Agujero Azul” y tiburones ballena, martillo y longimanus.

  1. Un paraíso para los buceadores;
  2. Si el Nilo se navega, los mares Mediterráneo y Rojo se bucean;
  3. La costa del Mar Rojo, incluidos los golfos de Suez, en el lado occidental y el de Aqaba, en el oriental, alterna acantilados con playas de grava;

El Mar Rojo se caracteriza por  sus aguas una gran riqueza y nutrientes que alimentan a sus corales. Existen dos zonas de buceo: la Ruta Norte y la Ruta Sur, en ambas se pueden ver pecios, corales y colorida fauna marina. Foto: iStock 1 / 9.

¿Cómo se abrieron las aguas del Mar Rojo?

La Biblia relata que los israelíes caminaron ‘hacia el centro del mar sobre suelo seco’ con una pared de agua a cada lado al tiempo que un fuerte viento desde el este sopló durante la noche después de que Moisés estirara su brazo sobre el mar.

¿Qué representa el agua en lo Profetico?

La dimensión sagrada, simbólica y mística del agua – P. Alfredo Ferro Medina, s. , Agosto 10 de 2006, Este artículo ha sido consultado 16006 veces P. Alfredo Ferro Medina, s. 1 El agua posee diversos tipos de valor: biológico, como fundamento de vida; social, por ser un bien que exige control social, simbólico y espiritual, por ser considerado un elemento vital y sagrado en las diversas culturas y paisajístico y turístico, por su belleza; política y de poder de acuerdo al manejo y al control que se ejerza sobre ella; poética y artística, que se refleja en las canciones y poesías; de salud, por ser fundamental para la vida y por ello mismo no debe ser contaminada; ecológica, ya que todas las formas de vida tiene derecho a ella.

  • El agua posee un fuerte simbolismo y una dimensión sagrada en las culturas desde varias dimensiones y significados de la vida humana;
  • En todas las religiones y tradiciones espirituales, el agua tiene un rico significado que sobrepasa su realidad material;

El agua simboliza fundamentalmente la vida. En la mayoría de los mitos de la creación del mundo, el agua representa la fuente de vida y de energía divina de la fecundidad de la tierra y de los seres vivos. Las grandes religiones y caminos espirituales expresan su encanto por las aguas a través de los ritos cósmicos, de iniciación y de purificación.

En las grandes culturas el agua tiene diversos significados. Para los egipcios el agua está estrechamente ligada a la idea de la reanimación. Para los griegos el agua tiene el doble significado de vida y muerte.

Pueblos asiáticos y africanos la tienen como parte de las divinidades; las fuentes son sagradas o veneradas y se usan como elemento purificador. Una de las diosas más conocidas en las religiones afro es la diosa Iemanja, que para los creyentes es la reina y la diosa de las aguas, expresión de la presencia divina.

En la mayoría de las religiones el agua como don sagrado tiene un significado de purificación, renovación, liberación, fertilidad y abundancia. El elemento agua está presente, santificando, sacralizando, inte­riorizando credos y culturas ancestrales.

En general en las religiones, el agua es utilizada en los ritos de iniciación o de bautismo. El agua pertenece al patrimonio simbólico de todas las culturas y religiones. En todo el planeta el ser humano proyecta sobre el agua la realización de sus esperanzas y temores, la promesa de la vida y la amenaza de la muerte.

  • El agua carga todo esto; sequías e inundaciones son señales de la dificultad de controlar el poder de agua;
  • Para muchos pueblos indígenas, el agua es un don de las divinidades, es morada de los espíritus; para estos pueblos, el agua es sagrada; muchas de sus tradiciones afirman en sus mitos fundantes que el ser humano fue hecho o creado del agua, o bien, salió del agua para la tierra, a fin de cuidar de la naturaleza;

Otras tradiciones creen que el agua es el punto de relación entre el cielo y la tierra; lo humano y lo divino. El cristianismo en el encuentro con otras culturas y tradiciones fue recogiendo una gran riqueza de los ritos y creencias vinculadas al agua.

Los más antiguos templos cristianos contenían una fuente de agua o una piscina interna. En el santuario del templo de Jerusalén salía una fuente simbolizando la vida dada por Dios y las Iglesias eran construidas en torno al agua del bautismo y de la piedra de la tumba de los mártires sobre el cual se celebraba la cena del Señor.

Para algunas de las Iglesias pentecos­tales, el río en que los fieles son bautizados se constituye en un verdadero templo. Así como en las religiones orientales, muchos santuarios de peregrinación cristiana y grandes movimientos de fe nacieron vinculados a las fuentes, a los ríos y a los lagos.

  1. Una relación de escucha amorosa y de convivencia armoniosa con el agua, no la vamos a encontrar en el sistema capitalista y neoliberal actual, y sí, en las grandes tradiciones religiosas y en las culturas antiguas con sus escritos y ritos;

La mística y la espiritualidad del agua tienen su motivación más profunda en la defensa de la vida; ya que no existe vida sin agua y todas las formas de vida dependen de ella. De esta forma, el agua adquiere un valor vital y sagrado: bien común, patrimonio de la humanidad y derecho de todas y todos.

Nadie por lo tanto puede atribuirse el derecho de propiedad del agua, impidiendo el acceso del agua a los humanos y en general a todos los seres vivos. El agua es un don de Dios para todos los seres vivos más allá de su valor en sí.

Tenemos un gran desafío; las tradiciones religiosas y espirituales desde la conciencia profunda nos presentan el agua como la propia matriz, la propia raíz de la vida o su núcleo central; luego es una tragedia que las hijas y los hijos del agua, cual fieras salvajes nos lancemos a devorar nuestra propia fuente materna.

Las fuentes de la vida están amenazadas; la muerte de la tierra, del aire y de las aguas será nuestra propia muerte; es necesario por ello una profunda conversión espiritual que se manifiesta en cambios y transformaciones en nuestra mentalidad, costumbres y modos de vivir tanto en lo personal, lo social, como en lo político.

Nuestra tradición teológica considera el universo como el templo de Dios; todo en él es sagrado; por ello mismo, la problemática ecológica y ambiental en si misma, como la del agua tiene que ver con la espiritualidad. La comunión con el universo nos debe llevar a una actitud de profundo respeto con la “lógica de la casa” (ecología), desde la ecología interna que es la unidad profunda de la persona, hasta el sentir que todas las cosas hacen parte de mi propio cuerpo si estoy en comunión con ellas.

¿Qué valor le da Dios al agua?

El agua, ¡Don de Dios, instrumento vital imprescindible y derecho de todos! – El agua como bien colectivo y signo de purificación para los cristianos, no puede considerase como una mercancía, que beneficia económicamente a particulares. Al contrario es, un elemento vital que Dios nos ha dado para “satisfacer las necesidades de todos y especialmente de las personas que viven en la pobreza.

  • […] Su uso debe ser racional y solidario;
  • […] Sin agua la vida está amenazada” (CDSI 1009-1012);
  • Como cristianos e hijos de Dios, el agua se constituye en fuente de vida, esto nos debe llevar a reflexionar, sobre uno de los principios fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia, el destino universal de los bienes: “El principio de destino universal de los bienes de la tierra está en la base del derecho universal al uso de los bienes” (Pontificio Consejo de Justicia y Paz, Compendio de la DSI;

No. 172). Por esta razón, uno de los bienes que ha sido otorgado para todos, debe ser de beneficio para todos: “Del Señor es la Tierra y cuanto la llena, el mundo y todos sus habitantes, porque él la fundó sobre los mares, él la asentó sobre los ríos” (Sal.

23: 1-2). Dios nos creó a su imagen y semejanza, por lo que somos dignos y por este hecho con derechos y deberes sobre los bienes que él nos ha otorgado. El Agua es un elemento indispensable para la vida, en especial para la vida humana: “El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos” (Laudato Si, Papa Francisco.

No 28). Por eso en Colombia, es primordial que allí donde no hay acceso al agua en buenas condiciones, la vida se torna difícil y se hace necesario cuidarla, de modo que todos puedan acceder a uno de los derechos fundamentales de la vida. Es de considerar, la importancia, que tiene le modelo de desarrollo que tienen nuestros países, que en definitiva no responde a las problemáticas del contexto social de una comunidad determinada y no se proyectan hacia el futuro, sino que responden a los problemas que se van presentando, con el agravante de sacar el mejor provecho en el cuarto de hora que el funcionario de turno tiene.

  1. Lo expresa el Profesor Parrilla, con las siguientes palabras: “El modelo de desarrollo que sigue la economía mundial es, a la larga, insostenible;
  2. Existen cálculos sobre la posibilidad de sufrir una escasez aguda de agua dentro de 25 años, si no se actúa con urgencia a favor de otro modelo sostenible de desarrollo […] Ello implica que el control del “oro azul”, por parte de grandes empresas mundiales, se convertirá en una de las principales fuentes de conflictos en el siglo XXI;

Esto debe llevarnos a cuestionar la manera como se está protegiendo y utilizando el agua como recurso de todos y para todos, pues es fácil que abramos la llave y nos llegue a la casa. Pero, ¿hasta dónde yo siento la necesidad de cuidar algo que aparentemente no me falta?; ¿Y sí, es propiedad de todos, no será que en ultimas no es de nadie?.

  1. Sin embargo, cada día nos enfrentamos a un problema mundial, pues el agua, un recurso que hasta hace menos de 50 años era inagotable, porque brotaba por todas partes, hoy ya inicia a escasear y a generar conflictos en el mundo entero, una realidad que no es para nada ajena en nuestro país, pues con la destrucción de los páramos, la contaminación, el cambio climático, el fenómeno del niño, hay regiones que soportan la escasez y la sequía, pues sufren porque no hay alimentos, en definitiva se deteriora la vida, con el riesgo de desaparecer por completo;

Esto nos debe llevar hacer la siguiente reflexión: Cuidar del agua está en nuestras manos, cuando cuidamos nuestros paramos, le damos un buen uso y nos convencemos de que es un recurso para todos. Por esta razón, debemos trabajar en campañas, en prácticas que ayuden al cuidado de uno de los elementos fundamentales de nuestra casa común como lo es el agua: “El problema del agua es en parte una cuestión educativa y cultural, porque no hay conciencia de la gravedad de pésimas conductas de su cuidado en un contexto de gran inequidad” (Laudato Si, Papa Francisco.

No. 30). BIBLIOGRAFÍA: Papa Francisco. Encíclica Laudato Si, sobre el cuidado de la creación. Vaticano 2015. PARRILLA, José Manuel, El Derecho humano al agua y la Doctrina Social de la Iglesia. Profesor del Seminario y de la Universidad de Oviedo (consultado en internet: http://www.

parroquiadellaranes. org/AGUA%20Y%20DSI. pdf (14-03-2016: 19:00 horas) PONTIFICIO CONSEJO JUSTICIA Y PAZ. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. IGLESIA-CDSI (Disponible en internet: https://books. google. com. co/books?id= sNQCCwAAQBAJ&printsec=frontcover&dq=inauthor:%22Pontificio+Consejo+Justicia+y +Paz%22&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjs_KndscHLAhXFkx4KHeDXCMEQ6AEIIDAB#v=onepage&q=CAPITULO%20X&f=false Elaborado por: Roger Hernández E.

¿Qué quiere decir la palabra agua según la Biblia?

La ambivalencia de un gran símbolo – La Biblia también puede ser narrada como una historia del agua. El agua es uno de sus grandes símbolos. Es su alfa y su omega: la Biblia se abre con las aguas del Génesis y se cierra, en el último capítulo del Apocalipsis, con un río en la ciudad.

  • En ella están los ríos Pisón, Tigris, Éufrates, Nilo, Jordán y el Yaboc, junto con Noé, Abraham, Agar, Raquel, Moisés, Mara, el Bautista, la samaritana, el Gólgota;
  • Ríos, pozos y mujeres;
  • El agua y la vida;

El agua es la vida. Siempre y en todas partes, sobre todo en las regiones semiáridas del Medio Oriente. Esta historia comienza ya en el primer versículo del primer capítulo del primer libro de la Biblia, el Génesis: «El espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas».

  1. Agua, aguas en plural, es una de las palabras más repetidas en la creación del mundo – Dios separa las aguas (las de debajo y las de encima del firmamento), las recoge en mares para crear la tierra seca, y finalmente ordena que “bullan” las aguas de peces y vida;

El agua no es creada por Dios. Es preexistente. Dios-Elohim se la encuentra ya en el mundo. La separa, la recoge, la llena, pero no la crea. Para el hombre antiguo, el agua es tan primordial y preexistente como el mismo Dios, que, para crear el resto, no puede prescindir del agua.

  • El agua es el elemento base de la vida, el primer ladrillo de la cadena de los seres vivos, el ambiente donde se desenvuelve la creación – hoy sabemos que fue probablemente en las aguas de los mares donde surgieron las primeras formas de vida;

Además, el agua es la gran protagonista de la maravillosa historia de Noé y el diluvio, que el Génesis toma del mito sumerio de Gilgamesh. En este caso, las aguas no son buenas, sino que se convierten en el instrumento del que Dios se sirve para destruir a los seres humanos que se han maleado.

  1. Pero a pesar de nuestra maldad, la vida continúa, las aguas se retiran y la vida vuelve a empezar, con la señal de la primera alianza entre Dios, Noé y los hombres y los animales salvados: el arco iris, otro elemento que tiene que ver con el agua;

En el vado nocturno de un torrente, el Yaboc, tiene lugar la lucha entre Jacob y el ángel de Dios (Génesis 32), cuando resulta herido en el nervio ciático y es bendecido. Una lucha acuática donde Jacob se convierte en Israel, el nombre de un pueblo entero.

  • El agua está también en el centro de la liberación de Egipto, el país del gran río, cuando las aguas del Mar Rojo se abren para permitir a Moisés y al pueblo hebreo salir de Egipto hacia la tierra prometida, hacia otro río, el Jordán;

Y en el paso del gran río de la esclavitud al pequeño río de la libertad, la sed y el milagro del agua son elementos y etapas esenciales (Masá y Meribá, las aguas amargas de Mara). El exilio, la otra gran experiencia tremenda del pueblo (iglo VI a. ), es contado con la imagen del agua: junto a los ríos de Babilonia, el Tigris y el Éufrates.

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Los monstruos tremendos y más temidos en el libro de Job – Leviatán y Behemot (Job 40) –, son monstruos marinos, habitantes de las aguas profundas. El mismo Leviatán al que Thomas Hobbes recurrirá para dar nombre a su libro, imagen del poder político absoluto que, sin embargo, permite la sociedad civil.

Y podríamos continuar con el baño de Betsabé que condujo a David al pecado más vil de la Biblia, con las múltiples sequías (desde Abraham a Rut) que constelan la historia de la salvación, o con los pozos a cuyo alrededor sitúa la Biblia muchos diálogos entre hombres y mujeres (el de Jacob y el de la Samaritana, que por la traducción son el mismo pozo).

El Nuevo Testamento está inmerso en el agua. Desde el bautismo de Juan, que abre el evangelio de Marcos, hasta el bautismo de Jesús, o hasta el mar de Tiberíades donde se produce la llamada de los apóstoles, muchos de los cuales son pescadores, trabajadores del agua.

El Evangelio de Juan sitúa el comienzo de la vida pública de Jesús en el milagro del agua transformada en vino. «Tengo sed» son algunas de las pocas palabras que resuenan en el Gólgota, donde del costado del crucificado sale «sangre y agua». Los salmos están continuamente regados por el agua, que calma la sed de los hombres y de la cierva.

El canto de la cierva sedienta, metáfora de la búsqueda de Dios, es uno de los himnos poéticos más hermosos de la Escritura. «Como la cierva anhela las corrientes de agua, así mi alma te anhela a ti, Dios mío.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo podré ver el rostro de Dios? Las lágrimas son mi pan noche y día, mientras me preguntan: ¿dónde está tu Dios?» (Salmo 42,2-5). La metáfora de la cierva sedienta que, tras un largo peregrinar, llega a un arroyo seco y árido es muy fuerte y rica, habitual en la literatura espiritual, inspiradora de uno de los cánticos espirituales más sublimes y elevados de la historia de la espiritualidad (el de Juan de la Cruz).

Si alguien ha oído el bramido de un ciervo sediento – o de un corzo o un gamo, más habituales entre nosotros – sabe que es un verso inquietante, un lamento lacerante que no se olvida. Este sonido habrá impresionado al hombre antiguo del Medio Oriente, más capaz que nosotros de leer y descifrar los lamentos de la creación.

El salmista, tal vez exiliado en el norte, en la región donde nace el Jordán, lejos de Jerusalén y de su templo, tomó el grito animal más lacerante que había oído y lo convirtió en el canto de su alma anhelante del Dios de la juventud que ya no estaba.

La Biblia está llena de palabras tomadas prestadas de la naturaleza y de los animales para intentar decir lo que las emociones humanas no saben decir: el fuego en una zarza, la nube apoyada en una montaña, el fuego sobre el Carmelo, la brisa suave, la lluvia.

No es fácil utilizar la imagen de la sed para expresar la relación con Dios. Determinada literatura religiosa deshace la metáfora equiparando la fe con el agua que extingue la sed. La sed sería el movimiento ascendente del hombre, la pregunta antropológica a la que Dios responde con el ofrecimiento de la fe.

Desde este punto de vista, no habría nada de religioso en la experiencia de la sed, que sería únicamente la premisa de la fe, la antecámara de la vida religiosa que comenzaría cuando, al llegar a la fuente, finalmente se puede beber – la sed terminaría en el encuentro con el agua.

Para muchos la fe es eso, y en la Escritura no faltan puntos de apoyo para esta interpretación del agua y de la sed (Jn 4,13-14). Pero cada salmo es muchas cosas a la vez. Es estratificación de significados y experiencias distintas de fe y de humanidad. Acerca de esta sed, el salmo nos sugiere algo distinto.

La sed no es solo preparación de la experiencia religiosa, ya es fe, ya es relación con Dios. El tiempo de la sed es el tiempo de la fe. En este salmo se menciona a Dios 22 veces. Un canto desesperado por la ausencia de Dios es uno de los salmos de todo el salterio donde más habita el nombre de Dios.

El desierto en la Biblia es lugar del encuentro con Dios. La tierra prometida no es el único lugar donde Dios habita, como tampoco lo es el templo. Moisés no entró en la tierra prometida, para mostrarnos que también el desierto y su sed pueden ser la tienda del encuentro con Dios, tal vez el más puro y verdadero.

  • Su muerte fuera de Canaán es también una manera de eternizar la promesa y su deseo;
  • El salmo, entonces, nos pone en guardia frente a un error típico del hombre y de la mujer de fe: identificar la fe solo con el agua;

Es un error muy común de quien piensa y vive la fe como un vivac estable en un oasis con agua abundante que, una vez encontrado al final de un primer camino, ya no se abandona. Aquí la cierva descansa, tranquila y sin sed, en el nuevo jardín del que no se aleja para acometer nuevas peregrinaciones.

Esta es una visión de la fe como consumo de bienes espirituales, como confort, como satisfacción plena del consumidor religioso, que se olvida del seguimiento y del arameo errante. El salmo, en cambio, nos recuerda que la sed es la condición originaria de la vida espiritual adulta, porque, aunque encontremos alguna fuente a lo largo del camino, inmediatamente hay que levantar la tienda, volver sin tardanza al camino, y repetir pronto la misma experiencia de la sed-fe; que la crisis de fe no es la aridez sino la extinción de la sed.

Mientras tengamos sed de Dios y de la vida estaremos caminando por el único camino bueno, mejor todavía si lo hacemos en compañía de los pobres, los sedientos y los hambrientos. La fe bíblica consiste en gritar a Dios en el tiempo infinito de la sequía, porque ninguna experiencia de lo divino puede apagar el deseo de paraíso.

En esta tierra no existe un agua capaz de saciar la sed de Dios, y si nos sentimos religiosamente saciados es muy probable que estemos bebiendo el agua de los ídolos, que es también un distribuidor automático de bebidas saciantes.

Es interesante notar otro detalle: aunque el texto hebreo habla de un ciervo (‘aiál), la tradición siempre ha visto una cierva en este salmo. Quizá porque solo las madres conocen de verdad los gritos ante ciertas ausencias, y solo ellas han aprendido verdaderamente la paradójica bienaventuranza de la sed.

  1. En este salmo, la imagen del agua contiene también una bella metáfora de la evolución de una vocación;
  2. Comienza con una primera agua, la del primer encuentro de juventud;
  3. Después continúa toda la vida con la experiencia de la sed, cuando se va vagando en busca de la primera agua que ya no podemos encontrar, y mientras vagamos nuestra garganta seca de agua se llena con el grito de Dios;

Para terminar, tal vez, con un agua distinta que encontramos donde y cuando ya no la buscamos – es muy hermoso que una de las últimas palabras de Jesús que aparecen en los evangelios sea: «tengo sed». Nosotros vivimos esta sequedad como experiencia de imperfección, de falta, a veces de fracaso, y nos olvidamos de la bienaventuranza de la sed: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia», que tienen hambre y sed de mí.

Echamos de menos el agua de la primera juventud porque no entendemos que el objetivo de esa agua era sobre todo encender la sed para después caminar como peregrinos sedientos por el mundo. Hasta que un bendito día entendemos que dentro de esa carestía es donde se esconde y se encuentra el sentido religioso de la vida.

Allí están la pobreza y la pureza que deseamos desde el primer día y confundimos con el agua. Ese día nos sentimos amigos solidarios de todos los sedientos, los hambrientos de pan y de justicia, los necesitados de la tierra, y nos hacemos finalmente pobres.

  1. Porque descubrimos que la fe no es posesión, sino promesa;
  2. El templo acuático de Ezequiel La página tal vez más hermosa sobre el agua es la que nos regala el profeta Ezequiel: «Me hizo volver a la entrada del templo;

Del zaguán del templo manaba agua hacia levante […] El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó por fuera a la puerta del atrio que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho» (Ezequiel 47,1-2).

El agua va creciendo en directo mientras Ezequiel la observa asombrado y un poco asustado: «El que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió quinientos metros, y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros quinientos, y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros quinientos, y me hizo cruzar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros quinientos: era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie: era un torrente que no se podía vadear» (47,3-5).

Estamos con él en el torrente-río, sentimos crecer el agua desde los tobillos hasta la cintura y más arriba. Ezequiel está dentro de su vado junto a un ángel. Esta vez el hombre y el ángel no luchan, no hay herida en el nervio ciático. Solo la bendición de un mensaje eterno sobre el espíritu, sobre el templo y sobre la vida.

La visión continúa: «Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. Me dijo: -Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas pútridas y lo sanearán.

Todos los seres vivos que bullan, allí donde desemboque la corriente tendrán vida y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente» (47,7-9). El ángel muestra a Ezequiel el paisaje.

Donde antes solo había desierto y aridez, han crecido muchos árboles «cuyas hojas no se marchitarán, ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales» (47,12).

Agua y espíritu. El agua es espíritu. La Biblia es un inmenso e infinito canto a la vida. Todo en ella habla siempre y solo de vida. Lo dice de muchas maneras y con muchas imágenes, pero con el agua lo hace de una forma distinta y muy fuerte. El pueblo heredero de las tiendas móviles lleva en su código genético la búsqueda del agua para vivir.

  • Durante milenios la ha visto llegar en su estación para dar vida a lo que parecía muerto y que habría muerto de verdad si ella no hubiera llegado;
  • Ha visto florecer el desierto en mil colores tras las lluvias primaverales, y en estas resurrecciones han nacido las oraciones más hermosas y han brotado los salmos más poéticos;

Para intuir algo de esta visión del templo-fuente deberíamos leerla en el desierto de Sur, al lado de Agar, o en el desierto con Moisés y el pueblo murmurando por la sed; sentir la sed en nuestra carne y después experimentar el agua que llega y nos salva.

El agua es una hermana pobre del espíritu: útil, humilde preciosa y casta. El gran cuadro de las aguas y de la vida culmina con el hombre y con su trabajo: «Se pondrán pescadores a su orilla: desde Engadí hasta Eglain habrá tendederos de redes» (47,10).

Sin hombres y mujeres que trabajen, el milagro de las aguas no está completo. En el culmen del agua encontramos al hombre y tras él, el trabajo. Este es el humanismo bíblico. Este es el canto del Adam que, como vértice de una manifestación cósmica de Dios, pone trabajadores, pescadores que echan las redes.

  • Otros pescadores, algunos siglos más tarde, llevarán el agua del espíritu a toda la tierra, cuando, llamados mientras trabajaban, reconocieron en aquella voz la voz de la vida, porque, trabajando, quedaron vinculados a la misma fuente;

El templo-fuente, inmerso en las aguas que generan un río que inunda, fecunda y vivifica el mundo, es una de las páginas más hermosas de toda la Biblia y una de las más proféticas de Ezequiel. Porque habla de pasado y de futuro a la vez: bereshit y eskaton.

  1. En Ezequiel, esta agua contiene uno de los mensajes religiosos, teológicos y sociales más potentes del humanismo bíblico;
  2. El templo es y puede ser fuente de agua vivificante si el agua no permanece encerrada y celosamente guardada dentro del templo;

Solo si sale de allí para inundar el mundo. El agua del templo no está destinada al consumo interno del templo. Esa agua no es producida para las exigencias de pureza del culto religioso. No: el agua nace dentro pero corre hacia fuera. Es un agua laica, civil, secular.

  • El Ezequiel sacerdote de Jerusalén cree que el templo es el lugar de la presencia de la gloria de YHWH en la tierra;
  • Pero el Ezequiel profeta sabe y dice que esa presencia no está ahí para ser consumida en el culto por sus fieles, porque es generada para ser donada a quien se encuentra fuera del templo;

«La fuente no es para mí», la hermosa expresión de Bernadette de Lourdes, es un lema profético universal en la relación entre templo y espíritu. El agua viene a fecundar la tierra. El Cielo no la da gratuitamente para lavar los escurrideros de la sangre de los sacrificios bajo el altar del templo.

  1. Las religiones y las comunidades espirituales pueden seguir generando agua viva y apagando la sed de la gente si superan, con la castidad, la tentación perenne de beber el agua que nace de ellas;
  2. Ezequiel, que tiene esta visión después de que el templo ha sido destruido por Nabucodonosor, intuye que, para que pueda existir un nuevo templo después del exilio, la fe y el templo no pueden ser los mismos de antes – toda gran crisis cambia la relación entre fe y culto;

Aprender, en el inmenso dolor, que su Dios sigue siendo verdadero aunque haya sido derrotado, que la fe es posible incluso sin un lugar sagrado porque el lugar de Dios es la tierra entera, cambió para siempre la religión y el culto. El templo con las grandes aguas es entonces una gran herencia espiritual de Ezequiel, un mensaje que parte de la tierra de exilio de Babilonia y atraviesa toda la escritura.

La encontramos, por ejemplo, en el libro de Ben Sirá, que retoma la imagen del templo-fuente de Ezequiel y la aplica a la sabiduría: «Yo salí como canal de un río y como acequia que riega un jardín; dije: Regaré mi huerto y empaparé mis arriates, pero el canal se me hizo un río y el río se me hizo un lago» (24,30-31).

El templo es demasiado pequeño para contener el agua de la sabiduría. El profeta Ezequiel regresa en la conclusión del Apocalipsis, el último libro de la Biblia, en otra imagen obra maestra, como vértice de más de medio milenio de profecía que abrió de par en par las puertas de templo para hacerlo coincidir con el mundo entero: «Me mostró un río de agua viva, brillante como cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero.

En medio de la plaza y en los márgenes del río crece el árbol de la vida, que da fruto doce veces: cada mes una cosecha, y sus hojas son medicinales para las naciones» (22,1-2). Aquí el agua no mana debajo del templo, sino del “trono de Dios y del Cordero”.

En la epifanía final del espíritu, el templo ya no está. Del paisaje de la nueva Jerusalén ha desaparecido el templo, como leemos pocos versículos antes en otro pasaje paradójico y estupendo: «No vi en ella templo alguno, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo» (Apocalipsis 21,22).

Al igual que la Ley, también el templo es un pedagogo, que un día tendrá que desaparecer para dejar sitio al encuentro inmediato con el agua viva. En este mundo nuevo, el árbol de la vida ya no está en el jardín de Edén, sino que crece en medio de la plaza.

Una frase maravillosa. La plaza será el nuevo nombre del templo. Este es el gran canto de la laicidad bíblica: hermana plaza, hermana oficina, hermana fábrica, hermano trabajo. Hermana agua. Credits foto: Simona Sambati..

¿Qué quiere decir Ezequiel 47?

En Ezequiel 47 se relata la visión que tuvo Ezequiel de las aguas que fluirán por debajo del templo en Jerusalén y correrán hacia el este, haciéndose cada vez más caudalosas hasta convertirse en un río que desaguará en el Mar Muerto haciéndolo ‘vivir’ con peces y vegetación.

¿Que simboliza el agua según la Biblia?

La dimensión sagrada, simbólica y mística del agua – P. Alfredo Ferro Medina, s. , Agosto 10 de 2006, Este artículo ha sido consultado 16006 veces P. Alfredo Ferro Medina, s. 1 El agua posee diversos tipos de valor: biológico, como fundamento de vida; social, por ser un bien que exige control social, simbólico y espiritual, por ser considerado un elemento vital y sagrado en las diversas culturas y paisajístico y turístico, por su belleza; política y de poder de acuerdo al manejo y al control que se ejerza sobre ella; poética y artística, que se refleja en las canciones y poesías; de salud, por ser fundamental para la vida y por ello mismo no debe ser contaminada; ecológica, ya que todas las formas de vida tiene derecho a ella.

El agua posee un fuerte simbolismo y una dimensión sagrada en las culturas desde varias dimensiones y significados de la vida humana. En todas las religiones y tradiciones espirituales, el agua tiene un rico significado que sobrepasa su realidad material.

El agua simboliza fundamentalmente la vida. En la mayoría de los mitos de la creación del mundo, el agua representa la fuente de vida y de energía divina de la fecundidad de la tierra y de los seres vivos. Las grandes religiones y caminos espirituales expresan su encanto por las aguas a través de los ritos cósmicos, de iniciación y de purificación.

  1. En las grandes culturas el agua tiene diversos significados;
  2. Para los egipcios el agua está estrechamente ligada a la idea de la reanimación;
  3. Para los griegos el agua tiene el doble significado de vida y muerte;

Pueblos asiáticos y africanos la tienen como parte de las divinidades; las fuentes son sagradas o veneradas y se usan como elemento purificador. Una de las diosas más conocidas en las religiones afro es la diosa Iemanja, que para los creyentes es la reina y la diosa de las aguas, expresión de la presencia divina.

En la mayoría de las religiones el agua como don sagrado tiene un significado de purificación, renovación, liberación, fertilidad y abundancia. El elemento agua está presente, santificando, sacralizando, inte­riorizando credos y culturas ancestrales.

En general en las religiones, el agua es utilizada en los ritos de iniciación o de bautismo. El agua pertenece al patrimonio simbólico de todas las culturas y religiones. En todo el planeta el ser humano proyecta sobre el agua la realización de sus esperanzas y temores, la promesa de la vida y la amenaza de la muerte.

El agua carga todo esto; sequías e inundaciones son señales de la dificultad de controlar el poder de agua. Para muchos pueblos indígenas, el agua es un don de las divinidades, es morada de los espíritus; para estos pueblos, el agua es sagrada; muchas de sus tradiciones afirman en sus mitos fundantes que el ser humano fue hecho o creado del agua, o bien, salió del agua para la tierra, a fin de cuidar de la naturaleza.

Otras tradiciones creen que el agua es el punto de relación entre el cielo y la tierra; lo humano y lo divino. El cristianismo en el encuentro con otras culturas y tradiciones fue recogiendo una gran riqueza de los ritos y creencias vinculadas al agua.

  1. Los más antiguos templos cristianos contenían una fuente de agua o una piscina interna;
  2. En el santuario del templo de Jerusalén salía una fuente simbolizando la vida dada por Dios y las Iglesias eran construidas en torno al agua del bautismo y de la piedra de la tumba de los mártires sobre el cual se celebraba la cena del Señor;

Para algunas de las Iglesias pentecos­tales, el río en que los fieles son bautizados se constituye en un verdadero templo. Así como en las religiones orientales, muchos santuarios de peregrinación cristiana y grandes movimientos de fe nacieron vinculados a las fuentes, a los ríos y a los lagos.

  1. Una relación de escucha amorosa y de convivencia armoniosa con el agua, no la vamos a encontrar en el sistema capitalista y neoliberal actual, y sí, en las grandes tradiciones religiosas y en las culturas antiguas con sus escritos y ritos;

La mística y la espiritualidad del agua tienen su motivación más profunda en la defensa de la vida; ya que no existe vida sin agua y todas las formas de vida dependen de ella. De esta forma, el agua adquiere un valor vital y sagrado: bien común, patrimonio de la humanidad y derecho de todas y todos.

  • Nadie por lo tanto puede atribuirse el derecho de propiedad del agua, impidiendo el acceso del agua a los humanos y en general a todos los seres vivos;
  • El agua es un don de Dios para todos los seres vivos más allá de su valor en sí;

Tenemos un gran desafío; las tradiciones religiosas y espirituales desde la conciencia profunda nos presentan el agua como la propia matriz, la propia raíz de la vida o su núcleo central; luego es una tragedia que las hijas y los hijos del agua, cual fieras salvajes nos lancemos a devorar nuestra propia fuente materna.

Las fuentes de la vida están amenazadas; la muerte de la tierra, del aire y de las aguas será nuestra propia muerte; es necesario por ello una profunda conversión espiritual que se manifiesta en cambios y transformaciones en nuestra mentalidad, costumbres y modos de vivir tanto en lo personal, lo social, como en lo político.

Nuestra tradición teológica considera el universo como el templo de Dios; todo en él es sagrado; por ello mismo, la problemática ecológica y ambiental en si misma, como la del agua tiene que ver con la espiritualidad. La comunión con el universo nos debe llevar a una actitud de profundo respeto con la “lógica de la casa” (ecología), desde la ecología interna que es la unidad profunda de la persona, hasta el sentir que todas las cosas hacen parte de mi propio cuerpo si estoy en comunión con ellas.

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¿Qué significa el agua en la palabra de Dios?

En el comienzo de Su ministerio terrenal, el Salvador y Sus discípulos pasaron por Samaria, mientras viajaban desde Judea a Galilea. Cansados, con hambre y sed, debido a la jornada, se detuvieron en el pozo de Jacob, en la ciudad de Sicar. Mientras los discípulos iban en busca de comida, el Salvador se quedó cerca del pozo; al ver a una samaritana que había ido a sacar agua, le pidió de beber.

  • Debido al rencor que existía entre judíos y samaritanos y al hecho de que no se hablaban con mucha frecuencia, la mujer respondió a la petición del Salvador con una pregunta: “… ¿Cómo tu, siendo judío, me pides a mi de beber, que soy mujer samaritana? …” (Juan 4:9);

Según leemos en el Nuevo Testamento, el Salvador se valió de aquel simple encuentro en el pozo para enseñar verdades poderosas y eternas. A pesar de su cansancio y sed, el Maestro aprovechó aquella oportunidad para testificar en cuanto a Su misión divina como el Redentor del mundo y para proclamar con autoridad Su verdadera identidad como el Mesías prometido.

  1. Con paciencia y consideración le respondió a la mujer: “… Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: Dame de beber; tu le pedirías, y el te daría agua viva” Juan 4:10);
  2. Intrigada y dudosa, y al ver que Jesús no llevaba recipiente para el agua, la mujer volvió a preguntar: “… ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?” Juan 4:11);

En una extraordinaria promesa, el Señor entonces declaró ser la fuente de agua viva, el manantial de vida eterna, diciéndole: “… Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; “mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamas; sino que el agua que yo le daré será en el una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13-14).

Sin comprender en absoluto el significado espiritual del mensaje del Señor, la mujer, que pensaba solamente en satisfacer la sed física y su propia conveniencia, le exigió: “… Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla” Juan 4:15).

Al analizar la conversación entre el Salvador y esa mujer, el elder Robert L. Simpson enseñó lo siguiente: “A través de la historia, el hombre ha buscado siempre el camino mas fácil. Algunos han dedicado su vida a la búsqueda de la ‘fuente de la juventud’, un agua milagrosa que les brindaría vida eterna.

Hoy día. muchos continúan buscando … alguna fuente mágica que les traiga el éxito, la satisfacción y la felicidad. Pero la mayor parte de su búsqueda es en vano … Únicamente esta ‘agua viviente’, el Evangelio de Jesucristo, puede brindar una vida feliz, de éxito y eterna a los hijos de los hombres” (“Conference Report”, octubre de 1968, pág.

96). La promesa del Salvador a esa mujer se extiende a todos los hijos de nuestro Padre Celestial. Al vivir el Evangelio de Jesucristo, desarrollamos en nuestro interior una fuente viviente que satisfará eternamente nuestra sed de felicidad, de paz y de vida eterna.

  • En Doctrina y Convenios, el Señor explica claramente que só10 la obediencia total puede dar acceso al manantial de agua viva que refresca y vivifica nuestra alma: “Mas a quien guarde mis mandamientos concederé los misterios de mi reino, y serán en el un manantial de aguas vivas que brota para vida eterna” (D;

y C. 63:23; cursiva agregada). Cuando la mujer contestó que sabia que el Mesías habría de venir, Jesús le dijo: “… Yo soy, el que habla contigo” (Juan 4:26). El demostró Su poder de discernimiento profético mencionandole detalles personales en cuanto a la vida de ella que solamente alguien que tuviera percepción divina podría haber sabido.

Azorada, la samaritana dejó su cántaro y se apresuró a contar a otros su encuentro con el Señor, diciendo: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?” (Juan 4:29).

LAS AGUAS SEGÚN LA BIBLIA

Mientras ella iba por la ciudad contando lo ocurrido, Jesús les enseñó a los Apóstoles, que habían regresado, que El ya tenía “una comida que comer, que vosotros no sabéis” Juan 4:32). Los discípulos, que llevaban la comida que habían conseguido, quedaron extrañados y el Maestro les explicó: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34) Cuando llegó la multitud de samaritanos curiosos para ver y oír al hombre que proclamaba ser el Mesías “le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días” (Juan 4:40).

  • Las Escrituras afirman que muchos creyeron las enseñanzas del Salvador;
  • Al escuchar, su curiosidad inicial se convirtió mas tarde en testimonio, y declararon: “… porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo” Juan 4:42);

Estos últimos días son un tiempo de gran sed espiritual. Hay muchas personas en el mundo que buscan intensamente una fuente refrescante que pueda satisfacer su anhelo de encontrar significado y dirección en su vida; ansían una fresca y satisfactoria bebida de percepción y conocimiento que de alivio a su alma sedienta; su espíritu implora experiencias de paz y tranquilidad para nutrir y vivificar sus corazón marchito.

Es cierto que “todavía hay muchos en la tierra, entre todas las sectas, partidos y denominaciones que son cegados por la sutil astucia de los hombres que acechan para engañar, y no llegan a la verdad só10 porque no saben donde hallarla” (0.

y C. 123: 12). Esforcémonos con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza por demostrar a nuestros hermanos sedientos en dónde pueden encontrar el agua viva del evangelio, a fin de que puedan beber de esa agua que salta “para vida eterna” (véase Juan 4: 14).

El Señor proporciona el agua viva que puede satisfacer la sed ardiente de aquellos cuya vida esta reseca debido a que hay sequía de la verdad. El espera que nosotros les brindemos la plenitud del evangelio dándoles las Escrituras y las palabras de los profetas y expresándoles testimonio de la veracidad del evangelio restaurado a fin de satisfacer esa sed.

Al beber de la copa del conocimiento del evangelio v llegar a comprender el gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial, su sed se satisface. Así como en el pozo de Jacob, también en la actualidad el Señor Jesucristo es la única fuente de agua viva, el agua que apagara la sed de aquellos que sufren de la sequía de verdad divina que tanto aflige al mundo.

Las palabras del Señor para el antiguo Israel, pronunciadas por el profeta Jeremías, describen la condición de muchos de los hijos de Dios en nuestros días: “… Mi pueblo … me dejaron a mi, fuente de agua viva, y cavaron … cisternas rotas que no retienen agua” Jeremías 2: 13).

Muchos de los hijos de nuestro Padre Celestial dedican su valiosa vida a cavar cisternas rotas de posesiones mundanas que no pueden contener el agua viva que satisfaga plenamente la sed natural de la verdad eterna. En el ultimo día de la fiesta de los tabernáculos, el Salvador, que había regresado a Jerusalén, extendió esta invitación universal y eterna “Si alguno tiene sed, venga a mi y beba” Juan 7:37).

El elder Bruce R. McConkie [uno de los Apóstoles, ya fallecido] definió el agua viva como “las palabras de vida eterna, el mensaje de salvación, las verdades en cuanto a Dios y Su reino … las doctrinas del evangelio”, explicando que “donde haya profetas de Dios, habré ríos de agua viva, pozos llenos de verdades eternas, manantiales de los que brotan los sorbos vivificantes que salvan de la muerte espiritual” (Bruce R.

McConkie, Doctrinal New Testament Commentary, 3 tomos. Salt Lake City: Bookcraft, 1965-1973, 1:151-152). El Señor ha declarado: “sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38). Tenemos la bendición de vivir en una época en que hay en la tierra profetas y Apóstoles por medio de los cuales se nos refresca continuamente con un chorro abundante de verdad eterna que, si la obedecemos, nos trae el agua viva del Señor.

  • Haciendo eco a aquellos samaritanos que escucharon al Salvador en el pozo de Jacob, nosotros, también, podemos decir con fe y con firme convicción: “… Porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42);

Extrañamos la voz del presidente Howard W. Hunter. Ciertamente, en su sencilla elocuencia aprendimos en cuanto al amor, la esperanza y la compasión de Jesucristo. El nos elevo a nuevos niveles de conocimiento y nos exhorto a renovar nuestra dedicación a guardar los convenios sagrados; nos hizo recordar también que “el sacrificio supremo de Cristo puede aplicarse a nuestra vida solamente si aceptamos su invitación de seguirlo” (“El nos exhorta a seguir a Jesucristo”, Liahona, octubre de 1994, pág.

  • 4);
  • Cuando el presidente Hunter nos pidió “que nos tratáramos unos a otros con mas bondad, mas cortesía, mas humildad, paciencia e indulgencia” (Ibid, pág;
  • 3), su ejemplo personal de estas virtudes divinas nos enseño con un poder persuasivo que incluso trascendía sus inolvidables palabras;

Nos exhorto a beber con mas frecuencia y con mas propósito del agua viva para recibir alimento espiritual. El presidente Howard W. Hunter dijo en otra oportunidad: “‘… El deseo mas grande de mi corazón es que todo miembro de la Iglesia sea digno de entrar en el templo.

  • Desearía que todo miembro adulto fuera digno de obtener una recomendación para entrar en el templo y que tuviera esa recomendación vigente, aunque por el momento no pueda ir porque vive lejos de un templo o le sea imposible asistir muy seguido”‘ (citado por James E;

Faust, “El rastro del águila”, Liahona, septiembre de 1994, pág. 4). El deseaba que todos fuésemos fortalecidos por la santidad y la seguridad que se encuentran dentro de esas sagradas paredes de la Casa del Señor. Que mejor manera de familiarizarnos mas con el Salvador y de fortalecer nuestro cometido de parecernos mas a El, que visitar con frecuencia Su santa casa y beber de las aguas vivas que ahí se encuentran.

El presidente Hunter deseaba que, mediante una vida recta, fuésemos merecedores de las bendiciones de belleza, revelación y paz que se encuentran en nuestros templos. Por eso repetía la invitación de que reconociéramos el “templo … como el símbolo mas grande de [nuestra] participación como miembros de la Iglesia” (Ibid, pág.

4). Hoy día. hemos sostenido al sucesor del presidente Hunter. Me regocijo con los demás en la oportunidad que hemos tenido en esta asamblea solemne de sostener al presidente Gordon B. Hinckley como Profeta, Vidente y Revelador, y como portavoz de nuestro Señor Jesucristo aquí en la tierra.

El es el Ungido del Señor; el posee todas las llaves del sacerdocio y esta autorizado para ejercitarlas a fin de guiar y dirigir el reino de Dios. El presidente Hinckley es un siervo fiel del Señor cuyo corazón y voz conocemos muy bien; hemos llegado a amarlo a través de los treinta y siete años en que ha sido Autoridad General de la Iglesia.

Hace casi treinta y cuatro años fue ordenado Apóstol, un testigo especial del Señor Jesucristo; es la Autoridad General que ha servido mas tiempo como tal. Cuando fue llamado al Consejo de los Doce, la Iglesia tenía un millón novecientos mil miembros, y trescientas treinta y seis estacas, mientras que en la actualidad tiene nueve millones de miembros y mas de dos mil estacas.

  • Por haber nacido de un padre noble y de una santa madre, el presidente Hinckley aprendió desde niño las verdades del evangelio restaurado con sus fieles progenitores, y llego a tener un profundo respeto por su patrimonio pionero y a valorarlo; siendo joven, sirvió valientemente como misionero en Inglaterra;

A través de su vida ha trabajado incansablemente en la edificación del reino. Ha desempeñado sus labores bajo la dirección de ocho presidentes de la Iglesia, habiendo sido durante catorce años consejero de los tres últimos: los presidentes Spencer W. Klmball, Ezra Taft Benson y Howard W.

Hunter. La preparación que el presidente Hinckley ha tenido para este servicio actual ha sido de toda la vida. Como el presidente Boyd K. Packer nos recordó recientemente: “Ningún hombre llega a ser presidente de esta Iglesia a menos que haya sido aprendiz durante toda una vida” Ensign, abril de 1995, pág.

30). Y en las Escrituras aprendemos que aquellos que sirven como profetas fueron “preparados desde la fundación del mundo de acuerdo con la presciencia de Dios” ( Alma 13:3 ). Testifico que el presidente Hinckley ha sido preordenado, elegido, preparado y llamado por Dios “para declarar su palabra entre los de su pueblo, a fin de que alcancen la vida eterna” (3 Nefi 5:13).

Lo he conocido bien desde mi juventud, y he observado de cerca que en el tejido de su noble carácter no hay una sola hebra de mala calidad. Durante toda su vida, el presidente Hinckley ha bebido profusamente del agua viva del Señor y Su evangelio restaurado.

Debido a su firme obediencia, de el han emanado y continuaran emanando “ríos de agua viva” (véase Juan 7:38) para saciar la sed de un mundo espiritualmente reseco. Estoy agradecido de sostener hoy día a los presidentes Thomas S. Monson y James E. Faust como consejeros de la Primera Presidencia; ellos también han sido probados en el servicio de Dios y de la humanidad durante muchos años y son valientes y fieles.

  • Estos tres sumos sacerdotes presidentes de la Primera Presidencia merecen nuestra lealtad y devoción, y podemos apoyarlos y seguirlos con absoluta confianza y fidelidad;
  • Como uno de los testigos especiales, deseo unir mi testimonio al de aquellos samaritanos creyentes de antaño;

Hermanos, les testifico solemnemente, así como a todo el resto del mundo, que aquel mismo Jesús de Nazaret que hablo con la mujer en el pozo de Jacob “es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42). El vive; El es nuestro Redentor y nuestro Mediador con el Padre; El esta a la cabeza de esta Iglesia que lleva Su nombre.

La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles son Sus siervos debidamente autorizados y ordenados, y llevan sobre si la responsabilidad sagrada y solemne de dirigir Su Iglesia en estos últimos días.

Nuestra obligación es hacer “la voluntad del que [nos] envió” (Juan 4:34), y llevar el agua viva a todos los que tengan sed espiritual. De esto testifico, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amen..

¿Qué significa el agua como símbolo del Espíritu Santo?

Skip to content Introducción Encontramos nueve símbolos del Espíritu Santo, dados por Dios, para que podamos comprender lo que el idioma mismo no puede explicar o expresar. Son éstos: agua, aceite, fuego, la nube y la luz, el sello, el dedo, la mano, el viento y la paloma.

Una breve explicación de cada uno se puede encontrar en mi libro “Para vivir Pentecostés siempre”, tema 33. A propósito del símbolo del agua, hay una explicación hermosísima de San Cirilo, Arzobispo de Jerusalén, entre los años 348-387, en una de sus 23 célebres catequesis, justamente la número 16 sobre el Espíritu Santo.

Me pareció tan diciente esta explicación, en la que San Cirilo busca responder a la pregunta: ¿Por qué motivo se sirvió Jesús del término agua para denominar la gracia del Espíritu Santo?, que consideré oportuno compartir sus reflexiones con ustedes y hacer algún comentario aquí o allá sobre ellas, precisamente en la vísperas de la celebración de Pentecostés del año 2016.

Las citas textuales de San Cirilo las pongo entre comillas y mis comentarios sin ellas. Punto de partida El punto de partida son las palabras mismas de Jesús en el Evangelio de Juan 4, 14: “El agua que yo le daré se convertirá en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”; “esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él”: “de su seno correrán ríos de agua viva” (Juan 7, 38-39).

Se trata, pues, de “una nueva clase de agua que corre y salta; pero que salta en los que son dignos de ella”. ¿Por qué Jesús se sirvió del agua como símbolo de la gracia del espíritu? He aquí cinco primeras razones válidas y fácilmente comprensibles: “porque todas las cosas constan de agua; “porque el agua sostiene todo; -porque es imprescindible para la hierba y los animales; -porque el agua de la lluvia desciende del cielo; -porque desciende siempre de la misma forma”.

Sin embargo produce efectos diferentes Es cierto: desciende siempre del mismo modo y de la misma forma y permaneciendo la misma, como “una única fuente que riega todo el huerto”, sin embargo produce diferentes frutos y efectos: – “de una forma está en las palmeras”, por ejemplo – “de otra en las vides” – “se vuelve blanca en el lirio” – “roja en la rosa” – “de color púrpura en las violetas y en los jacintos” “Diversa y variada en los distintos géneros de cosas”, pero es “siempre la misma y sin variación”.

“Y aunque se mude en huracán, no cambia su forma de ser, sino que se acomoda a la forma de sus recipientes, convirtiéndose en lo que es necesario para cada uno de ellos. Por eso la lluvia no transforma su naturaleza para descender en modos distintos, pero da a cada cosa lo que le corresponde”.

  • Así, el Espíritu Santo es y actúa como el agua “De la misma manera, el Espíritu Santo, aunque es único y con un solo modo de ser e indivisible, distribuye la gracia “a cada uno en particular según su voluntad” (cfr;

1 Cor 12, 11). Así: -“Igual que un tronco seco que recibe agua produce brotes, el alma pecadora, que está seca, cuando por la conversión ha sido agraciada por el don del Espíritu Santo, produce santidad, los racimos del Espíritu Santo; -se sirve también de la lengua de unos para el carisma de la sabiduría; -ilustra la mente de otros con el don de la profecía; – a éste le concede el poder de expulsar demonios; – a aquel le otorga el don de interpretar las Sagradas Escrituras; – fortalece, en unos, la templanza; – en aquellos la Misericordia; – a éste enseña a practicar el ayuno y la vida ascética; – a aquel otro, lo prepara para el martirio”.

Diverso, pero nunca distinto de sí mismo Ve, pues, que el Espíritu Santo es diverso en cada uno, pero nunca es distinto de sí mismo. Como está escrito (1 Corintios 12, 7-11), sirviendo este texto de reafirmación y complemento de cuanto hemos dicho: “A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Porque, a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro palabra de ciencia, según el mismo Espíritu; a otro fe en el mismo espíritu; a otro carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro poder de milagros; a otro profecía; a otros discernimiento de espíritus; a otro diversidad de lenguas; a otro don de interpretarlas”.

  1. Pero todas estas cosas distintas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad;
  2. Y en cada uno se manifiesta distinto e igual para un mismo y único fin y objetivo: el bien común;

De esta manera, todos pueden sentirse distintos, pero iguales, y nadie superior a otro, porque “es el mismo Espíritu el que obra todo en todos”. Como el agua, el espíritu llega manso y suavemente “Su actuación en el alma es suave y apacible, su experiencia es agradable y placentera y su yugo es levísimo.

  • Su venida va precedida de los rayos brillantes de su luz y de su ciencia;
  • Viene con la bondad de genuino protector; pues viene a salvar, a curar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar, en primer lugar, la mente del que lo recibe y, después, por las obras de éste, la mente de los demás;

Y, del mismo modo que el que se hallaba en tinieblas, al salir el sol, recibe su luz en los ojos del cuerpo y contempla con toda claridad lo que antes no veía, así también al que es hallado digno del don del Espíritu Santo se le ilumina el alma y, levantado por encima de su razón natural, ve lo que antes ignoraba.

  • ” (Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo, sobre “El agua viva del Espíritu Santo”);
  • De mi libro citado Creo oportuno traer también aquí la breve explicación que traje en mi libro “Para vivir Pentecostés siempre”, relacionando el Espíritu Santo con el símbolo del agua: “El agua significa la acción del Espíritu Santo en el Bautismo; así, el agua bautismal significa realmente que nuestro nacimiento a la vida divina se nos da en el Espíritu Santo;

El Espíritu fecundada las aguas propiciando la vida. La tierra caótica iba adquiriendo por la acción fecundante del Espíritu. Donde hay caos, vacío, confusión y muerte, el Espíritu vivifica. La vida primera nace desde las aguas por obra del Espíritu. Las torrenciales aguas del diluvio sumergen el pecado de la humanidad y salvan a un hombre justo y su familia, la tierra es renovada para siempre.

  1. El pecado y la maldad han sido sumergidos en el agua;
  2. La humanidad revive y se recrea nuevamente;
  3. Las aguas del mar Rojo, por la acción del Espíritu, salvaron a Israel de la esclavitud;
  4. La promesa de Dios es un agua purificadora y un Espíritu renovador;

El agua es condición para la vida, hace crecer y desarrollarse, refresca y purifica, es alegre y transparente, el agua sirve de cuna al hombre nueve meses. No podríamos vivir sin ella. Renueva la tierra. Alimenta las plantas, comunica la vida, nos sostiene y nos limpia el alma.

  1. El Espíritu es el agua que quita la sed para siempre;
  2. El Espíritu es el dador de la vida;
  3. Un día también por el Agua y el Espíritu nosotros renacimos para Dios;
  4. Llevamos el sello maravilloso de su paso por nosotros”;

Conclusión CERTIFICO que para mi trabajo el agua es símbolo del Espíritu Santo, publicado en la vísperas de Pentecostés 2016, me inspiré fundamentalmente en la Catequesis 16 de San Cirilo, Arzobispo de Jerusalén del siglo IV, sobre el Espíritu Santo. DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los once (11) días del mes mayo del año del Señor dos mil dieciséis (2016)..